Foto de E.T.

Libros didácticos con el contenido del actual currículo educativo están siendo literalmente botados a la cesta de basura por parte de estudiantes inconscientes del gran valor e importancia de un texto educativo.

Personal educativo de algunos planteles han relatado la triste experiencia de observar impotente a los estudiantes arrugando, y dejando en la cesta de basura los libros entregados por el gobierno nacional, como parte de un esfuerzo para abaratar el costo de la formación de los estudiantes, y el gasto que realizan sus padres.

Se trata de coloridos libros, creados con la más fina textura visual, con un completo contenido de alta importancia.

Según algunos costos de textos de la editorial Romor y Santillana, cada uno de los libros supera fácilmente los 6.000 bolívares, y el juego de libros entregados por el gobierno lo conforman al menos cinco unidades, si se toma en cuenta este número, un padre debería gastar hasta 30.000 bolívares para que su hijo pueda cursar sus estudios con cierta comodidad.

Si al costo de los libros se le suma otros útiles escolares, el precio a pagar en moneda es muy alto, he allí lo que se debe valorar en principio para considerar y cuidar los libros.

Ciertamente no son regalados por el gobierno, son parte de una inversión social que tiene su origen en el aporte de los mismos venezolanos a través de los impuestos, extracción y exportación del petróleo que es de los venezolanos, amplias hectáreas de tierra con arboles taladas en territorio venezolano para convertirlos en papel, esfuerzo y sudor de miles de obreros venezolanos que trabajan a diario, el caletero, el camionero, el maestro, el motoserriesta, y muchas personas más que participan en una amplia cadena de producción y distribución de las hojas.

En el proceso de conversión de celulosas del árbol en papel ocurre también una contaminación ambiental, y esto ocurre en territorio venezolano. Solo por ello se debe cuidar cada libro, cada hoja, cada “regalo del gobierno”.

Algunos datos indican que de la celulosa de un árbol se puede sacar 7.000 hojas, el equivalente a 14 resmas de papel tipo oficio.

Según la experiencia de un trabajador de una papelería, un local de fotocopiadora puede usar en promedio 10 resmas en una semana aun reciclando parte de las hojas, lo que indica que al mes 40 resmas son utilizadas, el equivalente a casi tres arboles.

Si se multiplica estos números por la cantidad de centros de fotocopiadoras, casas editoriales, periódicas, centros educativos, instituciones públicas y privadas, la cantidad de árboles que deben ser taladas al día se perdería de vista.

La conciencia es fundamental, solo un local pequeño de papelería causaría la tala de 34 árboles al año, casi un cancha de futbol sala. ¿Y las suma de todos?

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