Parte del equipo de Tane tanae|foto de Albor Rodríguez.

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ABR 19, 2017

Un portal de noticias llamado Tane Tanae trae de cabeza a la gobernadora de Delta Amacuro. Lo hacen siete muchachos waraos. Esta es su historia y la de esos días de furia, en junio de 2016, en los que una seguidilla de saqueos en la búsqueda de alimentos acabó con la paz de Tucupita y estos jóvenes trabajaron en la clandestinidad para burlar la censura.

 

En Tucupita la gente voltea a los lados para ver quién oye mientras habla. Pero todo termina sabiéndose, así que esa tarde, en la que el edificio de Fe y Alegría se quedó sin luz, poco tardó en conocerse que aquella súbita interrupción de la energía eléctrica había sido ordenada por las autoridades.

La gobernadora, Lizeta Hernández, estaba rabiosa con los muchachos de Tane Tanae porque llevaban días utilizando la palabra “hambre” para explicar las protestas que venían sucediéndose en los alrededores del pueblo. Dos meses antes, en abril de 2016, habían iniciado la distribución de las bolsas Clap. Por tratarse de uno de los estados menos poblados del país, con poco más de 220 mil habitantes desperdigados en cuatro municipios, el gobierno nacional escogió a Delta Amacuro como estado piloto, y ella había prometido que la entrega de alimentos se haría puntual cada 15 días. No resultó ser así. Que ahora protestaran por hambre no la hacía quedar bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada indica que en ese edificio de la calle Petión funciona Tane Tanae, el portal de noticias que hacen apretujados, en una pequeña oficina rentada, los siete jóvenes waraos que traían de cabeza a la gobernadora. Apenas un pequeño aviso muestra la imagen que identifica a Fe y Alegría, bajo cuyo brazo protector nació el portal. Pero gracias al boca a boca, todos saben llegar ahí a poner sus denuncias para que se conviertan en noticias.

Por Tane Tanae y por la radio fundada por los jesuitas –la única de las 12 emisoras de Delta Amacuro con un noticiero–, desfilan cada día ciudadanos de este pueblo donde Dios parece haber pasado de largo. Denuncian que no tienen agua potable, que no les han terminado de construir sus casas, que a sus niños no los han vacunado, que están pasando hambre… Ni siquiera tienen que decirlo: en el Paseo Manamo, a cuyo lado corre el tesoro del Orinoco como una gran autopista de agua, pueden verse familias enteras de waraos con sus niños raquíticos, viviendo en rancherías con techos de tela.

Tane Tanae dio a conocer, por ejemplo, la fatalidad de Euro Lepage Silva, un aspirante a cadete de 21 años, que murió luego de una sesión de ejercicios de nueve horas y la golpiza que recibió a manos de 12 militares en la Isla de Guara, justo al cruzar el río frente a Tucupita. La noticia, producto de la infidencia de un abogado tres días después de la muerte del joven, recibió 14 mil 682 visitas y fue replicada por varios portales nacionales. El escándalo fue tal que a los militares involucrados, incluyendo a tres mujeres, los procesaron por homicidio intencional y fueron trasladados a la cárcel de La Pica, en Monagas.

La gente cuenta sus calamidades, no sin miedo a represalias. Las únicas fuentes de empleo son las dependencias oficiales y, de la gobernación para abajo, todas están en manos de militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela. Solo de la gobernación dependen directamente 18 mil personas en un pueblo de unos 90 mil habitantes.

El nombre del portal de noticias no podía ser más exacto. Tane Tanae es una voz indígena que significa “así pasó” y alude a la forma de rematar los cuentos de los waraos que, por su predominante tradición oral, llevan las noticias en las canoas que recorren los 350 caños que unen los poblados de un extremo al otro del río Orinoco. Todo el que tiene un teléfono con internet lee y multiplica lo que sale en el portal. ¿Cómo no iba entonces a correrse la voz de que intentaron saquear el mercado principal? ¿Cómo no iba a saberse que la gente estaba protestando? El rumor, poderoso e imparable, había escalado barranca tras barranca y llevaba en la brisa el mensaje de que el pueblo, tradicionalmente sumiso y pacífico, se había alzado en Tucupita por falta de alimentos.

Un año antes, el 29 de julio de 2015, habitantes de Barrancas habían saqueado el Pdval de su sector. Pero, en esta ocasión, se trataba de una cosa distinta a una protesta puntual. El 13 de mayo de 2016, siete comunidades diferentes decidieron cortar el paso a los vehículos. Y bien entrado junio, continuaron trancando carreteras. Tucupita, a donde se entra por una sola vía principal, estaba más aislada que nunca.

El 25 de junio, yo misma iba en mi carro a darles un taller de periodismo a los chicos de Tane Tanae y no pude llegar a Tucupita desde Puerto Ordaz, porque los pobladores de Paloma habían trancado la vía con troncos, gaveras de refrescos y decenas de mujeres plantadas en el pavimento. Me detuve y pude observar a niños y ancianos haciendo una fila con potecitos de plástico en la mano para que les sirvieran una sopa que habían hecho, en un fogón en plena carretera, con un pequeño pescado que llaman Guaraguara y trozos de mango verde.

El intento de saqueo del viejo y oxidado Mercado Municipal, cinco días después, no fue otra cosa que un paso adelante en el fragor de las protestas. Desde que comenzaron las trancas, para los jóvenes de Tane Tanae estaba claro que algo serio e inédito estaba por ocurrir.

Para seguir leyendo la historia, dale click en: La resistencia indígena surca los ríos de la web

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