Son pocas las empresas familiares que pueden ufanarse de haber superado los 50 años de vida, pasando de generación en generación.

Óptica Esequibo es una, como ella en el Delta, si acaso hay dos o tres; al decir de un paisano, “y es mucho”.

Carlos García, hijo de Luis García padre, el fundador de la firma, lo asume como un punto de honor y como una tradición que aspira legar a sus hijos.

En amena conversación, Carlos  contó la historia de la óptica, que es al mismo tiempo la historia de su progenitor y de su familia, una emparejada a la otra.

Fue tan grande el apego del Sr. Luis a su profesión y a la marca que fundó, que sus dos hijos son optometristas y poseen las dos ópticas más céntricas de Tucupita.

En un dejo de sinceridad, Carlos  confesó que ha pensado irse del país, sin embargo, una razón lo ata, un argumento de mucho peso que atenaza el pulgar derecho de su corazón, la Óptica Esequibo.

Leamos su historia.

“Mi papá estaba estudiando optometría hace año más de 50 años y empezó a trabajar con un señor en Ciudad Bolívar, el señor lo invitó a Tucupita a hacer un estudio porque él quería montar una óptica. Cuándo ellos vienen a la capital deltana el estudio de la zona les da la razón y montan el negocio”.

“Mi papá trabajaba para el señor al tiempo que estudiaba, en cuanto terminó los estudios el señor, que le tenía mucha confianza, le dice a mi papá: ‘bueno Luis, tú te vas a quedar en Tucupita, esa óptica te la voy a ceder para que tú sigas adelante con tu carrera’”.

“El señor, cuyo nombre no recuerdo, era de avanzada edad y no tenía hijos, le dijo ‘aquí está la óptica, es tuya’. Con los años murió y mi papá continuó adelante. Luego, siguiendo el ejemplo de aquel que lo ayudó, tuvo dos ópticas, una que se llamaba Óptica Venezuela, que funcionaba donde estamos actualmente, y Óptica Esequibo, que quedaba al final de calle Dalla Costa, en sociedad con el Dr. José Abchi. Después decidieron terminar la sociedad, el Dr. Abchi iba a hacer un postgrado y no siguió con la firma”.

“La primera sede oficial, luego de disolverse la sociedad, la tuvo en calle Bolívar, antes de ubicarla frente a la plaza, esa óptica se quemó, la casa esa y unos locales de al lado también ardieron, para después mudarse aquí. Siempre convivieron Venezuela y Esequibo, siempre tenía los dos”.

“Con los años decidió quedarse únicamente con Óptica Esequibo. Hubo un momento en que la situación se le apretó bastante, poco a poco fue emergiendo de nuevo, de hecho, cuando nosotros ya estábamos creciendo le ayudamos a actualizar la Óptica, introduciendo la computadora para exámenes, registro de datos, etc. A él no le gustaba mucho porque era muy tradicional, prefería hacer sus exámenes manuales, nosotros le explicamos que si la utilizaba iba a terminar gustándole, y al final se acostumbró”.

“Luego, mi hermano Luis y yo, fuimos a estudiar a Caracas, lo mismo que él en su momento, cuando regreso, yo primero, y vi que estaba obsoleto en materiales, monturas y otros elementos, empiezo a tratar de introducir las innovaciones de ese entonces”.

“Papá fue aceptando mis sugerencias, me dijo que estaba de acuerdo en trabajar conmigo, siempre fui muy pegado a él, me dijo “bueno, vamos”, y empecé yo a ir a Caracas a comprar materiales nuevos, a introducir los lentes multifocales, que era algo muy novedoso para ese entonces, y que fue parte de la transición a lo moderno, aunque él prefería más lo clásico en todos los aspectos”.

“Recuerdo una anécdota, cuando llego de Caracas le adapto unas multifocales a él, que era lo reciente en alta tecnología y él me decía que no se adaptaba a eso y que se los quitaría, y yo le replicaba ‘pero papá, tú tiene que usar lo mejor porque si estas en una óptica y vas a ofrecer lo mejor para que la gente vea que si funciona debes mostrarlo’, él fue un poco ese duro en eso, sin embargo, terminó aceptando”.

“Después, con los años se enfermó, mi hermano y yo nos hicimos cargo del negocio, después nos separamos para que cada quien desarrollara su empresa; yo, como yo trabajé más años con él, pedí el nombre y el local que él siempre utilizó, por eso siento que tengo un vínculo especial y una obligación de seguir con su firma”.

“Papá trabajaba mucho, hasta los sábados en la tarde, si era de venir, él venía hasta los domingos a sacar un trabajo, después que él murió nosotros, Luis y yo, nos establecimos como dueños de las ópticas ubicadas en pleno centro, es una competencia sana, nada de peleas ni rivalidad”.

“En alguna oportunidad he pensado en irme del país, pero siento que traicionaría su memoria, gracias a su trabajo en Óptica Esequibo pudimos convertirnos en profesionales de la vista, y su sola existencia nos hace recordar a cada rato su presencia. Es impresionante la cantidad de personas que se acercan a la Óptica y nos cuentan acerca de sus primeros lentes que se los hizo papá, y de su agradecimiento tras ser sus amigos y usuarios de toda una vida. Papá fue un devoto del trabajo, un hombre de bien, y un ciudadano ejemplar que dejó el legado, que hoy con orgullo preservamos”.

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