Aun caen las lágrimas, como si fuera ayer.

La suya fue una ausencia que dolió y duele, una presencia que nunca se olvida.

Su sonrisa todavía resuena al recordarlo.

Era demasiado “pana”, demasiado “leal”, demasiado “amigo”. Mucho para ser cierto, por eso un infortunado día, se vistió de Ángel y voló lejos, para no volver.

De estar presente, habría sufrido mucho, la pasaría muy mal negándole unos litros de gasolina a sus hermanos del alma o cerrándole el acceso en la bomba “La Salida”, a la gente. Era dado, muy dado y entregado.

Perteneció a una promoción del Colegio Sagrada Familia, que era tildada de “sifrina”, cuando nunca lo fue; si alguien era feliz entre la gente, de arriba, de abajo, de enfrente, del lado, ese fue Manuel.

Quien lo conoció lo recuerda con afecto entrañable, y más nosotros, que convivimos largo tiempo con él.

En recuerdo de Manuel Aumaitre, sus compañeros de promoción del 88 del CSF.

 

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