Cortesia Web / Foto referencial

El rasgo visible de la incorporación de Tucupita a la industria petrolera nacional, es la viva imagen de un barco ido a pique.

La oronda planta de la avenida Orinoco, adyacente a la Universidad Territorial Deltaica Francisco Tamayo (UTDFT), casa de estudios cuyas dependencias administrativas, edificaciones cimeras del alma mater deltana, lo fueron antes de la petrolera, se encuentra totalmente paralizada y desguarnecida.

Su último hito histórico se produjo en el 2002, cuando produjo la insólita cifra de 16.000 barriles, marca ascendente que representó la mitad de lo que arrojó en bitumen isla de Guara, y que a partir de ese momento descendió paulatina y progresivamente hasta llegar al desastre actual.

Previamente, el otro campo petrolero instalado en la capital deltana, el de Guasina, quedó devastado. De aquel espacio desolado sobran anécdotas, pocas de ellas buenas; “en una ocasión, se robaron en menos de una semana doce (12) transformadores inhabilitando un pozo”, nos dijo tiempo atrás un extrabajador de PDVSA, hoy fuera del país.

En diciembre del 2018, la producción de Petrodelta había descendido a 400 barriles diarios, en claro preludio de lo que se venía gestando.

Un antiguo vigilante de la empresa, también migrante, reportó a este medio meses atrás, el desmantelamiento del famoso generador de corriente dual, que podía surtir de luz un tercio del municipio Tucupita; “le robaron el cableado, las barras de cobre, lo dejaron inservible”, expresó.

La última hazaña del hampa data de dos días atrás, en la madrugada del miércoles, ese amanecer cargaron con la bicoca de más de 100 metros de cable de gran grosor, que pesa decenas de kilos y, sin embargo, fue sustraído sin dejar rastro.

La situación llegó a su punto crítico, prefigurando un complejo escenario, ¿qué sucederá con la planta? ¿Será cerrada definitivamente? ¿Tienen previsto ponerla a funcionar?

Mientras, permanece incólume, como testigo fiel de la inacción de un gobierno que se empeñó en que dejáramos de vivir de la renta petrolera, y lo está consiguiendo de la peor forma posible, a merced de la corrupción y el hampa.

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