Foto: archivo.

La creación del Clap en el año 2015 fue una respuesta a la anarquía que se formaba en los alrededores de automercados y mercales de Venezuela, por parte de familias enteras que acudían desesperadas a comprar cuantos alimentos pudiesen encontrar.

En Delta Amacuro, así como en otras entidades del país, los gobernadores emitieron decretos prohibiendo las colas, tres años después, los abastos de Tucupita y las panaderías siguen mostrando colas.

El impacto del Clap fue efectivo, acabó con gran parte de las colas que se formaban y los constantes ánimos caldeados que generaban peleas entre los consumidores y grupos de revendedores informales organizados que ya hacían vida para llevarse el botín de los alimentos.

La creación del Clap no trajo consigo algunos rubros de la cesta alimentaria de alta demanda como la carne, el pescado, verduras y pan, por su condición de perecederos.

Este último es el que sigue generando colas con mayor evidencia, porque se ha constituido en el menú obligado en tiempo de crisis, primero por el buen sabor,y segundo porque es relativamente económico.

Sin embargo, las panaderías muestran los nuevos precios que alcanzan los 400 Bs.S, tan solo cinco panes de hamburguesa, cuyo valor unitario de es 80 Bs.S.

Lo que indica que, lo que era una alternativa para saltear el hambre, ya es costoso y pega en el bolsillo del trabajador común, pero aun así sigue gestándose las colas cerca de las panaderías, con una afluencia de personas significativas, igual que en algunos automercados.

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