Yelitza Santaella, gobernadora de Monagas| Archivo web.

Que molleja, aspirando venir al Delta y la mandaron al extremo opuesto del país. Es a partir del viernes la nueva jefa política del PSUV Táchira.

La enviaron a un estado que es un polvorín. En el que ni un Vielma Mora, uno de los mejores gerentes nacionales que haya tenido el Seniat, ha podido mitigar los ánimos; los gochos no dan tregua.

A Diosdado lo enviaron a coordinar políticamente el PSUV en Carabobo, otro estado minado por la oposición. La estrategia parece clara, Maduro no quiere moros en la costa, así como poco a poco fue desactivando todo el poder que durante años atesoró Ramírez Sánchez, ahora lo hace con Diosdado y su combo. Entre Ramos Allup y Maduro lo están poniendo en su lugar.

Lo de Yelitza no sólo le dolió a Yelitza, le dolió a todo el planeta Alexis, a todo el mundo Digna, a todo el universo Purrungo, esperaban con ansiedad el retorno de la clavellinera y ahora la tendrán excesivamente lejos, algo que no es responsabilidad en lo absoluto de Yelitza, es única y exclusivamente responsabilidad de Maduro, que bajo el argumento de apagar las fogatas en el país anda dispersando, fragmentando y aplacando a los diosdadistas.

De rebote protegió a su delfín político Lizeta. Le quitó de encima gran parte del lastre que podía cargar, le sacudió lo que Lizeta ha dado en llamar los quinta columnas del proceso,en fin la premió; en política los números cuentan, y los de Lizeta el 6-D, estuvieron por encima de los de Yelitza.

Que dura ha resultado la revolución para Yelitza, primero Monagas, ahora Táchira, cuando en el Delta habría ejercido plena soberanía. Bajo el cuento de que es un soldado de la revolución la tienen padeciendo horrores. Los caminos de la política son insondables, y en la revolución más.

A Yelitza el Delta le queda ahora más lejos, aunque habrá quien diga, tan lejos como puede quedar una llamada de celular.

 

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