Han sido dos duros años los que le tocó enfrentar a Katty Sandoval, al mando de un sistema de seguridad donde todo se mezcla, en el que los tres poderes son uno solo, y los vínculos formales e informales con la delincuencia son múltiples, al punto de establecerse un sistema de negociación con los pranes para mantener un relativo control de los cárceles y una conveniente paz en las calles, y de someter las políticas de seguridad en forma muy marcada al rigor de los momentos políticos. Hay que ser más un negociador que un rector de la seguridad pública.

A ello se añade la naturaleza enrevesada de los estados fronterizos, más el nuestro que otros, permeados por el tráfico de drogas, oro, combustible, armas y personas, y con la rémora de los negocios ilegales que se tejen a la sombra del mercado negro. Pocas veces se sabe dónde está la culebra bajo la paja.

En ese proceso y en virtud de su experiencia al frente de tribunales y la Defensoría del Pueblo, pudo hacer acopio de conocimientos y vivencias para manejarse con solvencia en un territorio muy enmarañado.

Sabiamente dejó que otros opinaran e intervinieran, hilando fino desde un segundo plano, lo que la puso al resguardo de muchas críticas. Pocos le atribuyen el protagonismo que realmente tuvo, lo que indica que su estrategia funcionó.

Envuelta por ciertas y determinadas políticas nacionales orientadas a responder con rudeza a los hampones de cierta connotación, lo que conllevó a varias muertes a las que sucedieron tiempos de relativa paz, se hizo artífice sencillamente de las acciones instrumentadas desde el nivel central, lidiando luego en el plano local con las consecuencias. Le correspondió pasar la mano y atenuar el ruido.

Sin que hayan dejado de existir las muertes violentas ni los delitos de diverso tenor: hurtos, robos, etc., podría decirse que la actividad delictiva mutó, transfigurándose en actividades que generan menores riesgos personales y mayores beneficios para los hampones de mayor peso especifico en la sociedad, brindando la apariencia de que el delito se redujo.

Katty se despide con un balance positivo, producto más de su empecinamiento, trabajo y dedicación, que de los cambios sustantivos que haya podido lograr. Le corresponde disfrutar de un merecido descanso y prepararse para ocupar nuevas responsabilidades, que tendrán el añadido de una experiencia enriquecedora que la faculta para continuar ofreciendo buenos frutos al estado.

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