El proceso revolucionario en sus inicios, trajo aparejada la idea del emprendimiento sobre la base de la conformación de cooperativas, que bajo un método de organización asociativo, fundamentado en compartir la riqueza, se dedicasen al sector productivo.

Para ello, se instó a los funcionarios a abandonar el sector público, ofreciendo créditos de distinto tenor a quienes se dedicasen a una actividad lucrativa.

En ese marco de extrañamiento y distorsión en que terminó el socialismo del siglo XXI, aquella idea originaria se transformó en una entidad absolutamente opuesta; posiblemente existan menos cooperativas que hubo antes de comenzar el chavismo, culminando el experimento en un estado hipertrofiado con la mayor masa laboral pública, porcentualmente hablando, que se conozca en la historia.

Sin embargo, no todo fue fallido, hubo quienes escucharon los cantos de sirena y armándose de un equipo gerencial competente se lanzaron al sector privado con mayor o menor éxito, Abdalis Fuentes es uno de esos casos.

Empleado público desde su juventud, un traspié laboral de esos que acontecen cuando un sector asume las riendas de una institución y desconoce el trabajo del equipo precedente, le hizo sentir que había llegado la hora de cambiar de rumbo, lanzándose a la aventura empresarial.

Siendo justos, habría que decir que de aquel grupo que lo acompañó en el aparato de partida, prácticamente fue el único que se sostuvo fuera del gobierno, los demás claudicaron o subsisten dentro de las veredas informales de la economía, casi cual “mata tigres”.

Quizá ese llegar postrero, le ha permitido convertirse en un comerciante atípico, de esos que se mueven con igual destreza en los sectores religioso, político y empresarial.

Su visión multifocal le ha facilitado vincularse a causas cuyo objetivo de fondo no es otro que promover y defender la actividad a la que se entregó, desde que alguien le cerró las puertas del gobierno.

Consagró su negocio a Dios, desde la trinchera de VP defiende la libertad económica, y nunca abandona el gimnasio para drenar la energía que le queda luego de cerrar dos de sus tres emprendimientos, quedándose apenas con uno.

Abdalis lucha como un toro de miura de esos que jamás miran hacia atrás, convencido de que su experiencia se puede replicar en millones de venezolanos para sacar el país adelante.

Las repuestas valen su peso en oro, ya que atesoran la verdad producto de la experiencia, de quien aprendiendo a nadar tardíamente en las agitadas aguas del sector privado, le ganó la partida a muchos que han tenido toda una vida en ese mundo.

1.- La idea de recortar la marcha y echarse atrás en ese impulso de bala que traías, ¿cuándo comenzó?

A.F.: Ya hace dos años que me vi en la necesidad de empezar a paralizar proyectos por ahora, porque así lo considero, iniciativas que estaban avanzando y que tuve que detener abruptamente.

Para nadie es un secreto lo que acontece, no podemos esconder la situación económica del país, y nuestro estado Delta Amacuro no escapa de esa situación, entonces tuve que hacer sacrificios, recortes de inversiones para poder subsistir ante esta situación, por eso, tuvimos que cerrar las puertas de dos locales comerciales más que teníamos abiertos, que eran Turegalo.com y una agencia de Movistar, la sucursal 1, que quedaba en calle Bolívar.

Lamentablemente, tuvimos que cerrarlos por la situación económica que está afectando el país, pero, tenemos el proyecto sobre la mesa, listo para arrancarlo, y mantenemos vivas las esperanzas de que pronto volveremos a abrir las puertas.

Esta situación ha afectado los ingresos de los negocios y por lo tanto hemos tenido que acudir a medidas que no nos hubiésemos imaginado aplicar.

2.- ¿Cómo te afectó haber cerrado dos negocios en corto tiempo?

A.F.: Imagínate, cuando tú estás sacando adelante un proyecto y era exitoso, porque era un proyecto que estaba dando buenos resultados en cuanto a la producción, y que haya que cerrarlos, no porque haya mala administración o mala gerencia, simplemente por una causa externa que te está afectando y que te obliga conscientemente a tomar decisiones en contra de tu voluntad, tus sueños y tus metas, no es nada fácil.

3.- ¿En qué forma te ha perjudicado la inseguridad reinante?, según tenemos entendido, tu establecimiento ha sido visitado en varias ocasiones por el hampa.

A.F.: Nosotros hemos sido víctimas del hampa alrededor de cuatro veces, y es una situación con la que tenemos que lidiar constantemente.

Aparte del aspecto económico, imagínate lo que es tener que salir a las 2 o a las 3 de la mañana, porque nos llaman los vigilantes avisándonos que están intentando violentar la puerta y hay personas merodeando el negocio, no es fácil lidiar con esta situación, porque es una situación bastante alarmante y estresante.

Hacemos un llamado a los cuerpos de seguridad, porque vemos muy desasistidas las calles, no los vemos por ningún lado, a veces salimos arriesgándonos, sin ver a ninguna autoridad policial que pueda echarnos una mano en caso de que estemos en peligro. Y de los negocios depende enteramente mi familia, así que no puedo darles la espalda.

Ya uno no cuenta con los organismos de seguridad, y da mucha tristeza decirlo; por lo menos, yo estoy aquí al frente de la plaza Bolívar, que es un sitio emblemático del estado, de la capital del estado, y uno pasa en la noche por aquí, y eso lo que da es terror.

Aprovecho para hacer un llamado al organismo que le compete este sector, no es buena la imagen de orfandad y abandono que ofrece, sobre todo de noche.

4.- A pesar de tantas vicisitudes, ¿mantienes un margen de rentabilidad que te permita sostener el negocio en píe?

A.F.: Hay medidas estratégicas que te permiten mantener viva una empresa, por lo menos aquí en el negocio, en lo que es la recarga, que es lo que le da movimiento, porque siempre hay gente recargando, hemos optado por no pedirle nada adicional.

Les recargamos y no le quitamos nada, es decir, los clientes vienen a recargar aquí y nosotros le cobramos a ellos únicamente lo que consumen, muy diferente a otros establecimientos en los que tienen que pagar un porcentaje por concepto de recarga, nosotros no lo hacemos, esa es una estrategia para mantener el negocio siempre en movimiento.

5.- ¿Continúan los venezolanos comprando teléfonos como antes?

A.F.: Las cosas han cambiado mucho desde los tiempos remotos en que Movistar era el que vendía los teléfonos, era el que daba equipos para vender a los clientes, yo recuerdo la cantidad de equipos que llegaban aquí en promoción, donde las personas venían y compraban hasta tres teléfonos, cambiaban el equipo que no le gustaba, salía un modelo nuevo, y lo cambiaban de inmediato, había esa facilidad económica que les permitía estrenar teléfonos constantemente, se movían al ritmo de las innovaciones, de las nuevas tecnologías, ahora ya no, Movistar ya no vende equipos, ahora los que se venden son producto de inversiones que hacemos personalmente.

Aunque si, actualmente las personas se han visto en la necesidad de comprar un teléfono inteligente, android, para poder comunicarse con sus familiares que están fuera del país; yo creo que la mayoría compra un teléfono, con el dinero que le mandan sus familiares, inmigrantes, porque Venezuela está en una situación en que quienes se van fuera del país, aprovechan de mandar o enviar su remesa para que los que se quedan vivan un poquito mejor.

6.- Es decir, ¿el grueso de las personas que compran teléfonos es porque alguien les envía dinero de afuera?

A.F.: Claro, todos lo estamos viviendo, hasta los comerciantes, porque yo también lo estoy viviendo, porque tengo a mis hijos fuera del país, buscando un futuro, materializar sus sueños, y todos estamos afectados por eso, es allí donde entra la tecnología, nos permite mantener esa relación indirecta, el teléfono es una herramienta que ahorita se ha convertido en un bien sumamente necesario, y es por eso que se venden equipos a pesar de la crisis, la gente siguen comprando celulares por una extrema necesidad, no para darse un lujo, y casi siempre lo hacen con dinero de las remesas.

7.- En tu condición de líder religioso y activista político, ¿piensas que en algún momento la situación pueda cambiar?

A.F.: Venezuela es un país que Dios ha bendecido, Dios derramó sus bendiciones sobre Venezuela y nuestro estado Delta Amacuro, para que los venezolanos reciban sus bendiciones en esta tierra.

Actualmente vivimos momentos muy duros, estamos pasando por una situación bastante difícil. Pero, yo si tengo Fe en que esto va a mejorar, Venezuela es un país que puede recuperar su economía fácilmente, porque Venezuela tiene la riqueza necesaria para recuperarse.

8.- ¿Has pensado alguna una vez en irte?

A.F.: Te digo que no, porque yo, como cristiano que soy, pongo todo en las manos de Dios, ni siquiera pasaporte tengo, porque no lo he sacado, porque hay personas que tenemos que sacrificarnos quedándonos aquí, alguien tiene que restaurar lo que aquí está quedando y tenemos que quedarnos, porque tenemos la Fe y el instrumento para restaurar y levantar a nuestro estado, yo tengo Fe en eso, y nosotros los comerciantes, somos parte importante de ello.

Yo confío en un mejor Delta y una mejor Venezuela, y tengo mucha Fe, infinita Fe en que Venezuela saldrá adelante.

 

 

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