Víctor Ramos en la sala de redacción de Tanetanae.com.

Víctor Ramos fue adoptado por una familia de Tucupita cuando tenía 8 años de edad. Él es de Curiapo, una localidad de la selva deltaica ubicada a unas siete horas por vía fluvial desde la capital deltana, sin embargo, luego de que perdió a toda su familia adoptiva, ha visto correr sus días en un geriátrico.

Ramos vivía solo porque toda su familia murió. Un día decidió dejar esa soledad para sobrevivir a la crisis, que ya recrudecía. Los días de hambre eran eternos para él, por lo que le pidió a una persona desconocida que lo llevaran hasta el geriátrico “Doña Menca de Leoni”, un centro de atención al adulto mayor ubicado más al norte de Tucupita.

El abuelo ya había advertido a las trabadoras sociales y a la directora del mencionado geriátrico que “iría a la radio” para denunciar lo que ha supuesto un sufrimiento para Víctor y otros compañeros de estadía.

En Tucupita, el medio de comunicación tradicional con más poder mediático sigue siendo la radio, a pesar de la existencia de tres televisoras por cable y un periódico digital. En este contexto, todas las personas  que se sienten vulneradas ante lo que supone ser una violación a sus derechos humanos,  suelen advertir, “lo voy a denunciar por la radio”.

Víctor Ramos cuenta que un día se acercó a la directora del geriátrico en busca de medicamentos. “Yo no la conocía”, dijo el abuelo.

  • ¿Usted es la directora?
  • Sí, soy la directora, ¿por qué?
  • Mire, estoy necesitando estas medicinas (le mostró un récipe)
  • Aquí no dice nada, no hagas que te dé una cachetada ahora mismo
  • Bueno, señora, si tú consideras que te estoy haciendo algo malo, dámela pues.

El reclamo de Víctor Ramos trajo como consecuencia una supuesta amenaza por parte de lo que él llamó, “una trabajadora social”. Esta le habría advertido que lo sancionaría con un acta para finalmente expulsarlo del geriátrico.

“Nosotros pasamos hambre, comemos funche (una mezcla pastosa de harina de maíz) con agua de arroz. Nos estaba matando la plaga (zancudos), menos mal que unos evangélicos limpiaron (las malezas) y son los que están medio dándonos comida”, relató Víctor Ramos.

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