Adelso Fernández: las sucesivas devaluaciones hicieron que pasáramos de gran tienda a un kiosco

I

Cuando el auge fue extraordinario, la caída puede llegar a ser estrepitosa.

Donde hubo fuego, cenizas quedan.

Ambas frases resumen la situación actual de “Casa de Nina”, el  rincón único e inigualable del Prof. Adelso Fernández.

II

En nuestro recorrido por las ruinas de numerosos comercios tucupitenses, hubo algunos que nos embargaron de nostalgia.

Cubículos poco vistosos externamente, que al entrar, semejaban la caja de caudales de un banco, ocultando verdaderos tesoros.

Uno de ellos, la “Casa de Nina”, denominado de esa forma en homenaje a la señora madre de su gentil dueño, no solo encantaba, sino que despedía un profundo olor a cuero repujado de verdad, y exudaba un aire de distinción y elegancia.

Su propietario, el Prof. Adelso Fernández, supo establecer un lugar de culto entre quienes deseaban lucir un accesorio de calidad, que superara las modas y permaneciera inmaculadamente conservado preservando su valor.

Hoy en día, con fe y esperanza incólumes lucha por volver a ser el que fue.

III

1.- Profesor cuénteme, ¿cuándo comenzó con “Casa de Nina”?

A.F.: La “Casa de Nina” comenzó, aproximadamente 22 o 23 años atrás, fue un negocio prospero, tuve y tengo aun venta, pero, poca, muy poca en comparación con tiempos pasados.

Antes vendía calzados en cuero fino, carteras para damas y caballeros, chequeras, chaquetas, todo lo que me encargaban los clientes se lo traía; hubo un tiempo en que tuve excelentes clientes, personas que no escatimaban en darse gustos a sabiendas de que se llevaban un producto de calidad.

Resumiendo mi situación en estos momentos: estoy como esta toda Venezuela.

2.- Tengo entendido que en sus buenos tiempos viajaba usted fuera del país a buscar mercancía, ¿es eso cierto?

A.F.: Viajando fuera Venezuela tuve como 15 años o tal vez más, hasta 20 años. Yo viajaba al año, como 5 o 6 veces a Colombia a buscar mercancía, tuve la oportunidad una vez de llegar hasta Argentina para buscar carteras de cuero, para los clientes que tenía, porque tuve clientes, los tengo aun, me quedan muy pocos, pero tengo, clientes que estaban en el mundo de la política como el presidente de la asamblea legislativa, he tenido clientes como la gobernadora, dos clientes diputados; como tuve clientes de cierto poder adquisitivo, también tuve clientes modestos, de la clase popular, a los que le gusta lo bueno, la calidad, y le he servido a todos por igual, tanto al de arriba como al de abajo.

3.- ¿Qué líneas ofrecía en aquel entonces aparte de los productos de cuero?

A.F.: Aparte del cuero, bolsos finos para damas, de ir a fiestas, de vestir, zapatos finos de calidad colombianos, perfumes de marcas finas originales, nada de imitaciones y, gracias a Dios tuve el éxito y la suerte necesarias para salir adelante, y por último, lo que me quedó, lo que hago es sacar copias, que es con lo que medio me mantengo.

4.- Recuerdo que tenía un exhibidor de gorras muy bonitas.

A.F.: Si, tenia. Y no pude traer más gorras, porque se pusieron tan costosas, y yo he aprendido que no hay que especular, no hay que estafar a la gente, me pareció que una gorra si yo la compraba cara, ¿a qué precio la iba a vender?, y estas gorras que me quedan, afortunadamente las compran jóvenes y adultos, pero, no son gorras de alta calidad.

5.- Me contó un amigo que usted recibía un trato señorial por parte de sus proveedores.

A.F.: Cuando yo llegaba a Colombia a mí se me daba una atención preferencial hasta con las vendedoras, me asignaban una vendedora solo para mí, si yo pasaba todo el día, me ofrecían el almuerzo, dulces o el refresco que yo quisiera tomar, esa era la atención que me daban a mí.

6.- Cuando comienza el retroceso de “Casa de Nina”.

A.F.: El negocio comenzó a decaer con la primera devaluación, yo creo que a partir de ese momento a mí me faltó asesoría, el manejo económico adecuado a inicios de la crisis, no tuve a nadie que me iluminara para hacer frente a la devaluación progresiva, yo pensé que la caída experimentada por la moneda en la segunda devaluación no pasaría de allí; ese fue el problema, en las dos devaluaciones que ejecutó el gobierno de Maduro, pase de una tienda de gran calidad a una tiendita que parece un kiosco, hoy en día.

7.- Es decir, ¿que prácticamente ya no le queda mercancía guardada en depósito, ni la posibilidad siquiera de encargarla?

A.F.: Mercancía no tengo, pero, las esperanzas no las he perdido, si yo salí de la nada, de debajo de la nada voy a volver a subir.

8.- Profesor, nos hemos sentado fuera del negocio a conversar plácidamente, ¿me imagino que antes no tenía ni tiempo para platicar?

A.F.: Tu lo has dicho, antes no tenía ni tiempo, cuando yo llegaba de Colombia, los dos, los tres primeros días luego que yo llegaba de Colombia, eran agotadores, la mercancía no duraba mucho tiempo, todo el mundo compraba cuero, maletines ejecutivos finos, pero, ahorita ¿quién compra?, la gente está pendiente de la comida, pendiente de la crisis económica que está viviendo este país, y entre ese grupo tal vez este yo, pero, con la idea de que algún día nosotros vamos a regresar al país que queremos.

9.- Pienso que el venezolano, en términos generales, dejó de vestir ropa de calidad para comprar la más económica.

A.F.: Imagínate cuánto cuesta una cartera hoy en día, cuando yo vendía carteras los precios eran cómodos, hoy día una cartera no baja de 120 dólares, el que pudo comprarla en aquel entonces tiene un tesoro, si le dio un valor justo a lo que compró, sabe que es de alta calidad, tenga una absoluta seguridad que todavía la tiene y aparte de eso quien me compraba algo a mi yo le daba garantía.

10.- ¿Que pudo levantar con el negocio?

A.F.: Aparte de que soy profesor, eso no me daba para nada, con este negocito yo levanté un ingeniero, un arquitecto y una ingeniera química, levanté tres muchachos, tres profesionales y una buena casa, hoy no podría hacer nada de eso.

 

 

 

 

 

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