Una caminería en Nabsanuka / Foto: Radio Fe y Alegría.

La sal, el condimento imprescindible en la cocina, es un producto que falta en el alimento de los waraos ante la dificultad de viajar desde la selva deltana, hasta la capital por el costo de la gasolina en dólares.

Solo un grupo de aborígenes que guardan algún tipo de relación con ciudadanos trinitarios y a los que llaman “ingleses” (personas de pieles oscuras y que hablan el inglés),  tienen acceso a la sal.

El contacto con ciudadanos extranjeros les permite realizar algún tipo de intercambio comercial a partir de la venta de algunas especies de la fauna silvestre o alguna actividad ilícita como, el contrabando de combustible y otras iniciativas cuestionables que intercambian, entre otros productos, con sal.

Un asalariado común de algún estamento público, tampoco tiene acceso fácil a la sal y debe procurar la compra de este producto en cantidades reducidas para poder condimentar el alimento. En algunos casos, solo les permite devolver lo que ya consumieron en calidad de préstamo.

Quienes tradicionalmente dependieron siempre de varios rubros agroalimentarios, son quienes en la actualidad venezolana tienen un acceso más fácil a la sal, un producto de uso común cuyo consumo y demanda era fácilmente cubierto por pequeños comerciantes que trasladaban el producto desde Tucupita hasta la selva del Delta del Orinoco.

Se conocen algunos casos de familias enteras que acordaban comprar sal al mayor para luego distribuirla, porque implicaba un ahorro significativo, pero esta alternativa ya no es una opción.

Hasta inicios de septiembre, un saco de sal de 50 kilos tenía un costo de 45.000 bolívares y durante la primera semana de octubre sobrepasó los 130.000 bolívares. Tras conocerse el aumento salarial elevó su valor a 160.000 bolívares.

Un kilo de sal por unidad cuesta hasta ocho veces más que el kilo de sal expendido al mayor por sacos de 25 kilos.

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