I

El comercio deltano atraviesa por un momento difícil.

Son tiempos en los que el más rotundo e incandescente de los soles, no alcanza para iluminar los pasos del empresariado.

“Sombras nada más”, como interpretó Javier Solís, son las señas del camino.

No siempre fue así, hubo extensas temporadas en las que el cauce económico era ancho y prometedor como la sabana.

Algo sucedió, que los seres humanos disposicioneros e inquietos, decidimos arruinarlo con un nuevo experimento de redención social.

Aquellos ‘extranjeros’ a quienes llamamos décadas atrás, para que ensancharan la tierra y agrandaran el horizonte, a través del emprendimiento y la entrega personal, fueron los primeros en padecerlo.

Resulta que a contracorriente de la historia universal, con el comunismo de capa caída y en la certeza de que los brazos europeos que ‘importamos’ vinieron a generar progreso y a cimentar una solida economía con ribetes patrios, los políticos de ahora la emprendieron contra el sector privado como responsable de la debacle, cuando la cosa fue enteramente al revés.

Dos décadas después de la infausta decisión, pareciera que nuestra dirigencia va camino de entender, que si el pan se instaló en el gusto del venezolano, fue porque hubo lusitanos que lo hicieron a diario hasta volverse costumbre a fuerza de tenerlo presente.

Que se despertaron una y otra vez, año tras año incansablemente de madrugada, para que no faltara la canilla caliente, crujiente y apetitosa sobre nuestra mesa.

Ese quehacer afanoso, constante y disciplinado, ofendió los alterados sentidos de unos cuantos dogmaticos trasnochados, que quisieron remar contra la corriente arrastrando toda una nación, hasta perecer en el intento.

Esos Albino De Aguiar Vieira, levantan su voz y le expresan al gobierno, que sin el aporte del empresariado no hay economía que camine, y que si pretenden honrar sus raíces y justipreciar las decisiones que se tomaron en el pasado, deben comenzar por respetar a los otrora invitados, hoy venezolanos por derecho propio, vengan de donde sea, del norte, de Europa, del medio oriente, permitiéndoles dedicarse plenamente a lo que mejor saber: a vivir y crecer echándole piernas, desprendidos del Estado, y con fe ciega en su talento y posibilidades.

II

Tomado del libro: Hombres en la historia contemporánea del Delta, con autorización expresa de su autor, el Dr. Abraham Gómez.

“Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”.

José Saramago. Escritor portugués.

Para quien emprende una emigración (salida de su lugar de origen), no son pocos los factores adversos y contratiempos con los que se va a tropezar. Las trabas que consigue para salir son muchas veces insalvables o insuperables. En la mayoría de los casos llegan los asuntos, que al principio se pensaron como nimios o sin importancia, a transformarse en potenciales o reales óbices o elementos conspirativos para que quien busque, por cualquier motivo o circunstancia nuevos horizontes, sienta frustración o por lo menos desista de intentar alguna salida de su tierra natal. “La migración es la acción más antigua de combate de pobreza”, así lo ha escrito el afamado economista Johan Kenneth Galbraith.

Los riesgos, propiamente del viaje no son los únicos problemas a los que se enfrenta quien está planeando irse a otro país. Están también las barreras idiomáticas y culturales. Los procesos migratorios son inherentes a la especie humana y a muchas otras especies. Dichos procesos nacen del instinto de conservación de la especie más que el individuo, y se deben siempre a una evaluación comparativa del entorno donde se vive en cuanto a los recursos y posibilidades con que se cuenta, y de un entorno diferente, en el que existe una percepción de que esos recursos y posibilidades pueden ser mayores y mejores. Esta comparación entre la vida cotidiana en un país y otro, se origina actualmente por la amplia posibilidad de desplazarse de un lugar a otro, con lo que resulta cada vez más “fácil”, enterarse de cómo es la vida en otros países. Sí, pero sólo relativamente fácil. Porque, aunque se tomen las previsiones y se persigan allanar las cosas, todo desplazamiento conlleva una dosis de traumatismo socio-cultural.

Inmigración es la entrada a un país o región de personas que nacieron o proceden de otro lugar. Representa una de las dos opciones o alternativas del término migración, que se aplica a los movimientos de personas de un lugar a otro y estos desplazamientos conllevan un cambio de residencia bien sea temporal o definitivo. Las dos opciones de los movimientos migratorios son: emigración, que es la salida de personas de un país, región o lugar determinados para dirigirse a otro distinto e inmigración, que es la entrada en un país, región o lugar determinados de personas procedentes de otras partes.

Evidentemente, cuando se trata de evaluar el nivel de vida que existe entre diferentes países, no sólo se puede lograr a través de algún viaje al exterior sino por multitud de vías y procedimientos que hoy en día se han hecho posibles por el desarrollo tecnológico de las comunicaciones y de los medios de transporte: comunicación con familiares en el país de posible entrada, referencias de terceras personas, propaganda turística o de otras actividades económicas, etc.

Las migraciones han sido siempre muy importantes. Históricamente, las migraciones han cambiado totalmente el aspecto de los países, influyendo en su composición racial, lingüística y cultural, así como otros cambios importantes de gran repercusión.

Venezuela ha sido siempre un país abierto a los inmigrantes. Desde comienzo del periodo republicano, bien entrado el siglo XIX y buena parte del XX.  Hemos sido una sociedad permeable. Las oleadas de inmigrantes no han sido problema social siempre y cuando estuvieron sujetas y controladas por las Políticas coherentes de Estado Venezolano.

Un caso curioso, digno de análisis socio-históricos es que entre 1810 y 1836 se promulgaron 13 leyes de inmigración, acompañadas de sus respectivos reglamentos. Se elaboraron muchísimos contratos para traer inmigrantes. Venezuela poseía entonces “un territorio grande y una población tan pequeña” y se pensó, entonces que todos los males del país se iban a solucionar con la traída de inmigrantes.  Hasta el ilustre Uslar Pietri se atrevió a visualizar este asunto “la inmigración es una de las claves fundamentales para el destino de la nación venezolana. Tan sólo la inmigración puede colmar nuestro déficit de capital humano” (1944).

 

Es a partir de la década entre 1949 y 1958, cuando se produce una inmigración masiva de carácter legal. Desde entonces, la entrada de extranjeros se presenta por primera vez como un factor demográfico y social significativo.  Para el final de los años 1950, precisamente cuando el señor Albino De Aguiar viene con su tío a Venezuela, el país tuvo una política de inmigración amplia, sumamente flexible, la llamada: Política de Puertas Abiertas. A portugueses, italianos, españoles, árabes etc. Les era muy fácil ingresar, obtener el permiso de residencia y permanencia y trabajar.

La inmigración portuguesa en Venezuela se inició en la época del virreinato y es la segunda comunidad más numerosa en nuestro país. Ha sido una inmigración gradual de gente honesta y trabajadora. Emprendedora y pujante para hacer crecer esta nación… La mayoría de los portugueses radicado en Venezuela residen en Caracas, Maracay, Valencia, Maracaibo y Ciudad Guayana. La comunidad portuguesa se encuentra entre grupos étnicos más grande en nuestro país (cerca del 5% de la población es luso o luso-descendiente). Tenemos nuestro estado Portuguesa, con una leyenda de poblamiento mayoritario de lusitanos, del cual toma su nombre a partir de un relato que nos viene de la siguiente manera:

“En el año 1591, conjuntamente con Juan Fernández de León llegaron muchos portugueses a la región de los llanos para contribuir con la fundación de ciudades; entre éstos llegó un portugués llamado Melchor Luis, cuya esposa, una rubia y hermosa lusitana, solía acompañar a los conquistadores en su travesía. Un trágico día, la extranjera desapareció entre las turbulentas aguas del otrora Guanaguanare. De allí en adelante toda la comarca, en la oscuridad de la noche, oía los gritos desesperados de la portuguesa y así, involuntariamente nació el nombre de este río, inmortalizando el gentilicio de esa rubia mujer que le imprimió a esas aguas misteriosas la magia de su soledad y su llanto en las noches oscuras, cuando el canoero rasga la guarura del recuerdo. La portuguesa, con su tragedia dio nombre al río y el río, posteriormente, dio nombre al estado Portugesa” (Mitos y Leyendas predominantes en el estado Portuguesa de Carmen Pérez Montero. 2011)

Existe un fuerte interés en un gran segmento de los portugueses en Venezuela para preservar la cultura y el vínculo familiar en Portugal. Hay una hermosa herencia histórica que hemos asimilado y respetado; en esencia, porque los portugueses desde que han venido a religarse con nosotros lo que han hecho es trabajar por el bien de nuestra nación.

Cada lusitano que escogió esta tierra suramericana y bolivariana para vivir y echar raíces tiene su particular historia de vida. La del señor Albino de Aguiar Viera nace impulsado por las motivaciones de salir a buscar otras latitudes mejores en lo económico. Motivado a las precariedades que estaban viviendo en su nación natal Portugal, y consciente que había un país llamado Venezuela que le abría sus brazos. Él ha sido un digno ejemplo de un inmigrante emprendedor, honesto y progresista.

La diversidad y riqueza cultural venezolana ha sido relevante en los procesos de integración en el mundo. Representamos un rico mestizaje y crisol de etnias, precisamente con la tributación de las culturas de los inmigrantes. La convivencia de civilizaciones tiene en Venezuela un universo de armonía, igualdad y fraternidad.

Antes de emprender la amable conversación, nos recibe con una serie de preguntas relacionadas con capitales de países. Nos solicita que yo le dijera en orden de las diez primeras naciones del mundo por extensión territorial y población. Confieso que me puso en serios aprietos. Yo estuve haciendo esfuerzos. Me equivoqué en varias ocasiones; y con su fonética lusitana me corregía “no señor, piense bien…”. Me dijo que él había conocido muchos lugares, que había viajado bastante. Qué se siente orgulloso de haber escogido a Venezuela y especialmente al Delta para vivir, y que más nunca se va de aquí; porque ahora en Portugal “soy un extraño”, y además el clima frío no le hace bien.

Considero al señor Albino De Aguiar Viera un excelente conversador, quien a lo largo de nuestro diálogo nos va mostrando su bella casa, los jardines y la fuente que construyó hacia la parte de atrás al más exquisito estilo portugués. Tiene para su recuerdo imborrable la foto de su casa paterna, construidas con piedras, por su papá.

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