Loa Tamaronis es la nueva alcaldesa de Tucupita

Posiblemente, al conocer los resultados electorales Loa pensó en su señor padre, uno de los pocos políticos que siempre lució un paltó.

Un hombre que aunó militancia con elegancia, y sembró una arraigada convicción de la importancia del quehacer político en el seno de su familia, al punto que en cada una de las ramas de su extensa simiente hay un político activo.

Loa es la heredera más destacada. Con un amplio bagaje en el sector público a todo nivel, con mucho kilometraje de autobús entre Tucupita y Caracas, decidió que había llegado la hora de asentarse en su ciudad.

Atesoraba desde hace mucho el sueño de ser alcaldesa, sin embargo, como todo militante disciplinado del Psuv, sabe que aspirar a una postulación para un cargo de elección popular dentro del partido de gobierno es algo extremadamente difícil, situación bastante lógica por una sencilla razón: al que postulan gana.

Tiene varios retos por delante, el más importante quizá, adelantar una gestión donde se note su impronta sin perder de vista la necesidad de hacer llave con la gobernación, algo que Alexis no quiso o no pudo.

Loa querrá que se le recuerde como una buena alcaldesa y no como un instrumento del ejecutivo regional, lo que de seguro le traerá algunos roces con la gobernadora, tensiones que por el bien de todos deben aprender a superar. Por suerte, se conocen desde hace mucho y juntas han superado situaciones difíciles.

En segundo lugar, debe contribuir a restituir la majestad de la alcaldía capital, institución menguada y vapuleada por los ingentes problemas presupuestarios, y convertida a la mendicidad en la ciudad capital buscando siempre el medio para completar el real. Es una tarea urgente.

Debe, además, elevar la moral de los trabajadores, últimamente la alcaldía se ha movido por inercia y es menester comprometer de nuevo a la masa laboral con sus responsabilidades en un proceso lento, tolerante, apacible y seguro, sin mayores traumas. En la institución, el ausentismo laboral en procura de buscarse la papa se convirtió en la norma, lo que ha hecho rebajar la calidad del servicio y la prestancia de las funciones.

Es su deber instaurar una visión de futuro que trascienda y de identidad a la ciudad dentro y fuera de nuestras fronteras mas allá de los elementos propios de nuestra naturaleza: agua, sol, selva y una etnia milenaria sin raíces conocidas; merecemos que se nos mire como un espacio productivo, proactivo, progresista, que sabe desarrollar su potencial y aprovecha sus bondades transformándolas en su beneficio, y no como una rémora del presupuesto público.

Por último, hay muchos otros retos por delante, quedan los anteriores como una modesta contribución a una gestión que apenas comienza.

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