Ilustración de Joine Ramos / Tanetanae.com.

Alejandro Martínez fue por un día el héroe de personas hambrientas, en la selva de Delta Amacuro. Ver a sus paisanos perder masa corporal y a los niños hambrientos, fue lo  más doloroso.

“No puedo comer pensando en esas personas que mueren de hambre”, dijo Alejandro, cuando se preparaba para hacer su almuerzo.

Alejandro Martínez, tiene 43 años de edad, vive con su esposa y sus dos hijos en el Crucero de Araguao del municipio Antonio Díaz, ubicado en la selva del Delta Medio, a unas tres horas por vía fluvial desde Tucupita. Se dedica a la cría de animales de corral y a cuidar  un conuco. Tuvo suerte, porque no lo perdió todo tras la creciente del río del año 2018.

“Yo tenía que matar un pato para el almuerzo, cuando estaba por hacerlo, se me vino a la mente esa gente que son mis amigos, y que ahora están pasando hambre, tengo que ir a compartir esto con ellos”, dijo Alejandro, aquel día.

Recogió yuca, plátano y maíz, de lo que había cosechado hace varios meses y se lo llevó a sus paisanos, en un viaje  que duró unos 45 minutos, en curiara y a canalete.

Tuvo que soportar el sol de ese día, mientras surcaba las aguas del caño, que por suerte, estaban calmadas. Cuando pudo ver a pocos metros la comunidad a la que se dirigía, se emocionó.

Estando ya en tierra firme, fue a saludar a un amigo en particular, su rostro expresaba hambre.

“Trae a toda la gente de este pueblo que vine a compartir una sopa con ellos”, dijo al amigo.

Pronto, todos acudieron.

La sopa  pudo sacarle una sonrisa a aquel pueblo que lo perdió  todo por la creciente del río Orinoco y que ya había agotado todas las cosechas, también los mangos.

El nombre de la comunidad se obvia, porque algún día fue la más próspera de toda la selva deltaica, ahora todos  mueren de hambre.

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