Amado se tambalea

O corre o se encarama. Como en los predios mafiosos, ya le dictaron sentencia.

Acostumbrado a gobernar en olor de multitudes, con profusión de recursos e inmerso hasta el cuello en señales de aprobación, no se acostumbra a la escasez, a la insuficiencia de todo: dinero, querencia y aplausos.

Hubo una primera intentona de hacerlo reaccionar en la figura de un aspirante con peso en la zona y apenas si despertó.

Se produjeron una serie de sacudidas recientes que le resquebrajaron el piso político, y no sale de la somnolencia.

El alcalde más votado del país, no quiere, no puede o no encuentra el camino. Los caños se le enrevesaron y la brújula se le extravió.

Cazó una pelea con los beneficiarios de la nomina que viven en Tucupita y no quedó bien parado, y cuando va para el municipio, ni siquiera le gusta intervenir, cede el derecho de palabra a otros. Quizá sea la carencia de soluciones para ofrecer.

Hasta su imagen pública, otrora intachable, ha sido teñida con rumores en forma de infundios y agravios.

Resulta extraño en un hombre con formación académica, experiencia política, aptitudes gerenciales, conocimiento del territorio y la etnia, y vocación de servicio. Qué descalabro se produjo en medio de tantas competencias, es un misterio que solo él conoce.

A Amado le están latiendo en la cueva. Puede que al momento de publicar esta nota, ya sea tarde.

 

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