Prof. Ángel Dimas: cada quema de suelos arruina la futura fuente de alimentación de nuestros hijos

Ing. Agrónomo. Ángel Dimas | Egresado de la Universidad Central de Venezuela | Coordinador P.N.F Agroalimentación del U.T.D Francisco Tamayo.

El suelo es un sistema vivo, dinámico  y complejo en el sentido vital de la palabra. De aquí surgen dos conceptos: un suelo vivo y un suelo estéril. El primero presenta una gran actividad biológica producto de la gran cantidad de microorganismos que lo habitan, entre estos se encuentran bacterias, hongos, algas, protozoarios, anélidos, nematodos etc.

Es alrededor del sistema radicular de las plantas (la rizosfera) donde se encuentra la mayor cantidad de microorganismos.

La capa superficial de un suelo, llamada también capa arable, constituye un espacio físico apreciado por todos los productores del planeta, por ser el asiento de la vida de los seres humanos a través de la producción de alimentos por parte de las plantas.

El componente del suelo que favorece éste soporte vital es el representado por la materia orgánica y la fracción mineral en una combinación con el componente poroso y el componente humedad, bajo una situación cuyo equilibrio dependerá de las múltiples interacciones que se generan desde el punto de vista natural y de la acción antrópica del hombre en su afán de aprovechamiento del mismo.

Cuando hablamos de materia orgánica como componente sólido en el suelo, la intensidad de los aportes y ganancias van a estar condicionados por las características ambientales del sistema tales como los aportes de energía lumínica tanto en cantidad como en calidad a lo largo del año; el régimen de humedad del suelo en consideración y en menor grado a la fertilidad del mismo.

Para ilustrar estas magnitudes se mostrarán los aportes promedios hechos por algunos tipos de bosques de diversas latitudes del planeta los cuales muestran la significación de los mismos.

Bosque ecuatorial            10- 11        ton/ha/año

Bosque templado cálido  5- 6                II

Bosque  templado frío     3- 4                 II

Bosque  ártico alpino           1                   II

Siguiendo la dinámica de la materia orgánica una vez que es materializada en el suelo, surge la interacción importante de la diversidad de los microorganismos del suelo que van a estar interconectados con el proceso de descomposición de la misma, la cual queda formalizada a través del ciclo de la materia orgánica, que científicamente explica cómo este proceso aporta minerales y otros componentes los cuales una vez mineralizados pueden ser utilizados como nutrimentos para las plantas o ser incorporados o inmovilizados por los microorganismos para poder desarrollar su propia actividad metabólica

Los microorganismos son los que le confieren al suelo esa trascendencia en la naturaleza como algo vital para la vida del planeta.

Según estudios científicos se estima que un metro cuadrado de suelo vivo contiene 10 millones de nematodos, 100 mil colémbolos, 45 mil anélidos y uno 40 mil insectos y ácaros. Un gramo de un suelo promedio contiene unas 500 mil bacterias, 400 mil hongos, 50 mil algas, y unos 30.000 protozoarios aproximadamente, mientras que un gramo de suelo vivo además puede contener más o menos 10 millones de bacterias, pudiendo encontrarse de 100 a 200 millones de bacterias en la rizosfera.

Si se considera una hectárea de suelo con una capa arable de 10 a 20 cm de profundidad y 1% de materia orgánica, se estima que contiene unos 1.500 kg de microorganismos.

Se estima que en condiciones de clima templados como en los estados andinos (Mérida Trujillo, Táchira, y las zonas de pie de monte), una hectárea contiene alrededor de 400 kg de lombrices, equivalente a una población de 2 a 4 millones de individuos aproximadamente.

Otros estudios declaran que la formación de un par de centímetros de la capa superficial de suelo puede tardar más de 1.000 años.

Solamente el 11% del planeta es apropiado para la agricultura; 2.500 millones de toneladas de suelo llegan a los océanos cada año; 25% de la capa cultivables de los suelos se ha perdido en los últimos 25 años, a razón de 1 % por año a escala global.

En el delta del Orinoco, específicamente en la Isla de Guara, en estudios realizados por la Corporación Venezolana de Guayana entre los años 1968 y 1976, se detectó que por efecto de las quemas indiscriminadas se perdieran aproximadamente 24 millones de metros cúbicos de materiales orgánicos en suelos turbosos, tomando como referencia un espesor de 60 cms de turba, representando una pérdida de capacidad productiva que tardó 5.000 años para formarse.

Reflexión Final

Cuando vinculamos los procesos y factores formadores de suelos con la importancia que representa la materia orgánica como sustrato y medio vital de millones de microorganismos y la relación directa con la alimentación humana a través de estas complejas interrelaciones, debemos llegar a la reflexión final de que si no se toman las medidas preventivas pertinentes para minimizar la degradación de los suelos  por la acción antropica, la capacidad productiva del mismo seguirá disminuyendo de manera  violenta, afectando su fertilidad natural, la formación de capas cultivables, menores posibilidad de alimentación para la humanidad y un futuro incierto para las generaciones venideras.

Ayudemos a salvar al planeta, conservemos la materia orgánica protejamos la supervivencia de los organismos del suelo.

Todavía podemos recuperar parte del tiempo perdido, debemos promover y fortalecer un  nuevo liderazgo científico y tecnológico que con disciplina y visión gerencial planifique y evalúe las intervenciones hechas a la naturaleza de una manera sistemática en el momento preciso, con el fin de hacer los ajustes necesarios, para garantizar un uso sustentable de nuestros recursos naturales los cuales están vinculados directamente con el recurso suelo y de cuyo manejo racional dependerá en alto grado la supervivencia de la humanidad presente y futura.

 

 

 

 

Compartir contenido

Vamos a encontrarnos en Telegram https://t.me/Tanetanaedelta