El ‘flaco Antonio’, como muchos le decían, falleció en medio de una extraña coyuntura, en plena contienda del comercio por sus derechos.

No pudo con sus pulmones, mellados por el exceso de cigarrillos, que por décadas drenaron sus angustias y ansiedades.

El que fuera -y será- siempre un caballero, recordándole a muchos que virtudes y empresa se dan de la mano, no podrá disfrutar de la conquista que se avecina.

Posiblemente salga humo blanco, y Cámara y gobierno se pongan de acuerdo.

Al ‘buen Antonio’ le hubiese gustado verlo, lastimosamente ya no estará entre nosotros.

Sin embargo, en medio de las despedidas, se hizo acreedor de un merecido homenaje, ser la viva imagen en correspondencia con su trayectoria ejemplar de comerciante digno, de una lucha justa que lo tuvo como el mejor de sus ejemplos.

Que en paz descanse y la Virgen de Fátima lo cobije por toda la eternidad.

 

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