Por Rafael Rattia | agosto 12, 2019

La asociación de estudiantes se denominaba Asoedelta, que por sus siglas significaba Asociación de Estudiantes Deltanos. Corrían los primeros años de la década de los años ochenta del pasado siglo; éramos muy jovencitos, apenas recién graduados de bachilleres. La mayoría de nosotros nos habíamos matriculado en universidades nacionales del Venezuela, en la UDO, otros en la UCV, no pocos estudiábamos en la ULA, otros en la Universidad del Zulia, algunos pocos en la UPEL y así en otras casas de estudios de educación superior diseminadas en toda la geografía nacional.

Anualmente, por estos primeros días del mes de agosto, la gran mayoría de los que ya estudiábamos semestres regulares regresábamos al Delta para las vacaciones de algo más de un mes. Tucupita era una fiesta todo el mes de vacaciones. Nos reuníamos diariamente en casa de uno de los integrantes de la Asociación para planificar los memorables sancochos alrededor de los cuales festejábamos el milagro de la vida, de la jovialidad y de la alegría.

Algunos de nosotros ya habíamos conocido la militancia política en organizaciones de izquierda o de ultraizquierda de orientación marxista o marxista-leninista que tenían presencia activa en las universidades antes citadas. Entre los “compañeros” un poco mayores que tal vez nos llevaban unos tres o cuatro años más recordamos al camarada Alexis Marcano, que estudiaba Sociología en la UDO de Cumaná, también recuerdo a otro estudiante de Sociología que militaba en el Movimiento Estudiantil por la Unidad del Pueblo (MEUP-Liga Socialista), Ásale Vargas, que siempre volvía de vacaciones con un sorprendente bagaje de lecturas sobre el filósofo francés Louis Althusser y la autora de origen chileno Martha Harnecker y su librito manual Los conceptos elementales del materialismo histórico que Vargas se había “caletreado de memoria” en las aulas de la escuela de Sociología de la UDO en Cumaná. Recuerdo que él era por entonces un regimentado militante con acentuadas simpatías ideológicas maoístas. También recuerdo bien de Vargas su singular intolerancia a las posiciones criteriológicas que no le eran afines a sus rigideces ortodoxas. Era el típico militante de una especie de teología ateológica; algo así como un testigo de Jehová del marxismo pro chino que siempre andaba con una pequeña Biblia del camarada Mao entre las manos, “lanza en ristre”, siempre dispuesto a partir lanzas en defensa de sus acartonadas posiciones doctrinarias marxistizantes.

Así como Vargas, también había estudiantes que vivían solamente pendientes de la próxima reunión de la asociación para beber cerveza y colaborar en la elaboración del sancocho; era el caso de Pedro Rivas. Pedrito, le decíamos por cariño entre los más echadores de vaina. Cuando comenzaba la bebentina, Pedrito y Caraballo eran los más jocosos del grupo, pues siempre tenían un chiste a flor de labios. De los dos, Pedrito era el más reilón cuando bebía cerveza; Tomás Caraballo, en cambio, gustaba de improvisar versos chistosos y malosos, pero se le perdonaba porque las más de las veces eran versos chistosos.

Recuerdo cuando fuimos en un autobús escolar de Tucupita a Tabasca o El Fangal al entierro de un compañero de nombre Beltrán Monteverde, a la sazón para la época, militante de la OR (Organización de Revolucionarios), que había tomado la trágica determinación de suicidarse. Nunca supimos a ciencia cierta las auténticas razones que motivaron la trágica decisión. Lo que sí recuerdo con meridiana claridad es que en los minutos de la despedida de nuestro amigo Beltrán Monteverde, tomaron la palabra algunos amigos de Asoedelta; entre ellos Alexis Rojas, quien dijo unas emotivas palabras en sentido homenaje de Beltrán.

Entre los de mayor edad, Alexis Rojas era uno si no el más aventajado en experiencia militante política en luchas de carácter clandestinas; de hecho, con el correr de los años caería como prisionero político en la Penitenciaría de La Pica, en el estado Monagas, acusado de rebelión militar. No cabe duda de que Rojas fue un destacado guerrillero urbano y líder social de encomiables virtudes de luchador social por la transformación socioeconómica y política de la sociedad venezolana. Acompañó las luchas emancipatorias de la izquierda insurreccional hasta 1998, año en que asume el poder por vías electorales la izquierda bonapartista de filiación militar.

Desde mucho antes de la Asoedelta yo participaba en las luchas estudiantiles dentro de la juventud socialista del Movimiento Electoral del Pueblo, organización político-partidista que tenía una fuerte presencia organizativa en los liceos de Tucupita. Yo estudiaba en el liceo José Enrique Rodó en la modalidad de internado porque al lado del liceo funcionaba una Escuela Técnica Agropecuaria en donde algunos alumnos que estudiábamos en el liceo Rodó podíamos estar de lunes a viernes como seminternos. Ahí teníamos desayuno, almuerzo y cena, y podíamos dormir esos cinco días de la semana.

La Asociación de Estudiantes Deltanos fue, sin lugar a dudas, una extraordinaria experiencia juvenil de promoción y participación de los jóvenes deltamacurenses que se asociaban libremente en su seno con el fin de compartir inquietudes sociales, culturales y políticas de diversa índole.

https://www.elnacional.com/opinion/aquellos-anos-ochenta-i/

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