Arboles nuestros: el Mangle rojo

Tomado del libro: Arboles nuestros, de Patria W. Márquez C. y Heryck R. Rangel H.

Patria W. Márquez C. (Caracas, 1983) es Licenciada en Historia, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y magíster en Ecología del Desarrollo Humano, egresada de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR). Ha participado en diversos proyectos de investigación histórica en áreas de interés político, social y cultural; desarrollando estudios vinculados a la gestión e interpretación del patrimonio tanto natural como cultural, y a la valoración y rescate de los valores patrimoniales, a través del turismo como herramienta de difusión de la importancia de los valores históricos venezolanos.

Heryck R. Rangel H. (Tucupita, 1986) es Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), magíster en Gerencia Ambiental (UNEFA) y Doctor en Ecología del Desarrollo Humano, egresado de la Universidad Politécnica Territorial Kléber Ramírez. Ha participado en diversos proyectos de investigación en áreas de interés político, económico, social y ambiental, desarrollando estudios vinculados al Ecosocialismo.

Profesor Universitario. Columnista en diversos medios impresos y digitales. Autor del libro: “Ventana Ecosocialista: Venezuela ante la crisis ambiental” (2017).

MANGLE ROJO

Rhizophora mangle L. (Rhizophoraceae) – ESTADO DELTA AMACURO

El  estado  Delta  Amacuro  está  representado  en  la  flora venezolana por el Mangle Rojo, llamado también Mangle Colorado. Es una especie de belleza extraordinaria que le otorga la singularidad paisajística que es característica de los caños del Delta del Orinoco. La palabra Mangle procede de los indígenas Guaraní y significa “árbol retorcido” que hace referencia a las raíces en forma de zancos que son distintivas en este ejemplar. (Alvarado, 2008, pág. 295). Constituye una fuente de riqueza y de bienestar para los habitantes de la región y para la fauna marina.

Posee una amplia diversidad de aplicaciones, ya que la madera y las hojas de estos árboles son ricas en sustancias tónicas que las hacen especialmente valiosas para curtir pieles. También, la madera del Mangle Rojo se utiliza para la fabricación de pilotes de muelles, vigas y para la obtención de leña y carbón vegetal, ya que tiene resinas que son proclives a la combustión.

Es una especie sumamente importante para la preservación de la diversidad biológica, ya que sus raíces funcionan como espacio de protección, refugio y defensa de las especies marinas que se trasladan hasta allí para desovar, debido al difícil acceso para los depredadores marinos. Se trata entonces de un ejemplar de vital importancia para la conservación de los ecosistemas; en este sentido, ayudan a formar suelos, funcionan como sitios de crianza, refugio, anidación y alimentación de muchas especies, enriquecen las aguas costeras, protegen la línea de costa, brindan sombra en la playa, sustentan las pesquerías y funcionan como pulmones naturales.

En la medicina popular, se le atribuyen propiedades para combatir  inflamaciones,  diarreas  y  hemorragias.  A partir de sus hojas se prepara una bebida que se emplea como cicatrizante y para el tratamiento del asma, mordedura de animales marinos venenosos, dolores de muela, entre otras afecciones. Por su alto valor nutricional, las hojas del Mangle Rojo han sido usadas como parte de la dieta suplementaria para el ganado y las aves de corral.

Los saberes ancestrales le otorgan a esta especie un lugar privilegiado dentro de la cosmovisión indígena. Así, existe entre el pueblo Añú, comunidad indígena venezolana que se ubica en el Estado Zulia. Una antigua leyenda transmitida por tradición oral que explica de manera alegórica el nacimiento del palafito y su relación con el Manglar (Navarro & Hernández, 2009).

En tiempos remotos, los primeros Añú no tenían dónde vivir y estaban expuestos a los embates de la naturaleza y a la inclemencia de los elementos, hasta que un joven miembro de la tribu llamado Apañakai, se adentró en el mar con la esperanza de encontrar un sitio de refugio para su pueblo.

Al no encontrar un lugar con estas características, el joven emprendió el retorno hacia su familia. En el camino recogió un tallo que flotaba a la deriva en el agua y lo llevó a sus padres a su regreso.

Éstos se sintieron defraudados por el pobre hallazgo de su hijo, que en un arrebato de frustración y tristeza arrojó el tallo que se clavó en la orilla de la playa y dio origen a un frondoso árbol de aspecto peculiar, con raíces expuestas que daban la impresión de flotar en el agua.

La altura de sus ramas y la abundancia de su follaje proporcionaron desde entonces el refugio tan deseado por el pueblo indígena, que se inspiró en este ejemplar para la edificación de arquitectura típica de los pueblos del agua.

La singularidad del Mangle evoca amén de leyendas ancestrales, versos sentidos que han quedado para la posteridad.

El insigne médico y poeta venezolano Francisco Lazo Martí, se sirve de este versátil tesoro vegetal para adornar los versos de su poema “Veguera” (Lazo Martí, Poesías, 1966, pág. 80):

“Huelga la luz en las tupidas frondas; El viento canta en el manglar sombrío; Y tiembla el junco entre las claras ondas.”

Difundir la importancia que tiene el Mangle para preservar el equilibrio ecológico, debe ser una tarea constante que no solo corresponde a la entidad que representa.

Es necesario impulsar campañas que favorezcan su resguardo, tanto por el carácter invaluable de sus aportes para la vida, como por su relevancia en la construcción de la memoria e idiosincrasia de los pueblos que han crecido en torno a sus raíces.

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