Marzo 17 2019, 8:46 am
Un estudio de las autoridades mexicanas confirma lo que el paladar de los venezolanos detectó rápidamente: el atún enlatado mexicano que viene en los combos de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) tiene algo raro. Al menos tres de las marcas que han consumido los hogares más pobres del país desde marzo de 2016, cuando se oficializó el plan estatal, presentaron elevadas proporciones de soya, una proteína vegetal que sin ser dañina, es distinta en sabor y aporte proteico al propio atún. Detrás de esa adición de soya hay una operación para abaratar costos de la que han participado los intermediarios escogidos a dedo por el Gobierno venezolano para comprar la mercancía.
Así lo reseña armando.info
Por Roberto Deniz/Patricia Marcano/Claudia Solera
Las sospechas sobre la mala calidad de los alimentos que el Gobierno venezolano distribuye al amparo del programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) se confirman y amplían. Porque las objeciones ya no son solo con la leche de polvo. Un estudio realizado por la Procuraduría Federal del Consumidor de México (Profeco) acaba de determinar que algunas de las marcas que se producen y empacan en ese país para ese programa estatal de alimentos subsidiados en Venezuela contienen elevados niveles de soya.
El análisis, realizado entre el 5 de octubre y el 14 de diciembre de 2018, abarcó las 27 marcas de atún enlatado presentes durante esas fechas en el mercado mexicano. De ellas, según los resultados que arrojó la prueba, 14 mostraron un alto componente añadido de soya. En algunas presentaciones, el ingrediente de soya tiene mayor volumen que el del propio pescado, lo que sorprendió a la opinión pública mexicana. Pero el hallazgo no es ajeno a los venezolanos: desde que Nicolás Maduro oficializó el plan en marzo de 2016, México ha sido uno de los destinos donde los intermediarios escogidos a dedo por el Gobierno compran los productos del combo alimenticio, incluyendo el atún enlatado.
Una de las marcas peor valoradas del mercado mexicano y que ha llegado a los hogares venezolanos más pobres con las llamadas cajas Clap es El Dorado. La presentación de 140 gramos de atún aleta amarilla en aceite arrojó un porcentaje de soya que oscila entre 21% a 44% en “masa drenada”, mientras que la versión en agua tuvo un índice de entre 13% y 22% de soya en “masa drenada”. Ambos valores superan ampliamente a los registrados por la marca en el examen hecho por la misma institución en 2015. Esa vez el enlatado en aceite sumó entre 9% a 26% de soya, mientras que en agua osciló entre 4% a 9% de soya.
“Una concentración de soya del 30%, 40%, hasta 60% como lo encontramos, pues pasa a ser un ingrediente que sustituye al pescado”, asegura Guadalupe Velasco Rodríguez, directora del área química-biológica del laboratorio de Profeco. Además del engaño a los consumidores que representa la sustitución, pues no especifica en su etiqueta la proporción de soya, también hay implicaciones nutricionales en los consumidores al variar el aporte proteico definitivo del producto.
“Por cada 100 gramos (una medida estándar) vas a tener una cantidad de proteínas importante pero nunca tan grande como la del músculo del atún, porque el atún no tiene carbohidratos ni otros componentes, mientras que la soya sí, y eso hace que no tenga tanta proteína”, explica Pablo Hernández, nutricionista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la principal casa de estudios superiores estatal y autónoma del país, tras analizar los resultados del organismo mexicano. Aclara que la proteína vegetal se absorbe y digiere más lento que la animal, lo que “no ocasiona ningún tipo de daño o afectación a la salud”, salvo que la persona sea alérgica a la soya.
El Dorado no es la única marca mexicana de atún enlatado con altas concentraciones de soya incluido en los combos de los Clap. El atún con el sello Ancla en aceite contiene entre 10% y 14% de soya en “masa drenada”. El envasado en agua oscila entre 17% y 26%. Ambas presentaciones también mostraron altas concentraciones de soya en el análisis que la Profeco realizó en 2015, pero eso no impidió que proveyeran los combos subsidiados por el Gobierno venezolano.
Una tercera marca denominada Tuny totalizó entre 1% y 4% de soya para el producto aleta amarilla en agua. “Sería justificable encontrar uno por ciento de soya, por ejemplo, si se usara con una función tecnológica (algunos productores usan caldo de soya para lograr compactar al pescado). Nuestra conclusión es que la soya está haciendo una sustitución del pescado”, sentencia la directora de Profeco.
Las autoridades mexicanas aprobaron desde 2017 “certificados para exportación de libre venta” para Venezuela tanto para El Dorado como Tuny, así como otras marcas que no fueron analizadas por la Profeco. Parece claro que detrás de la adición de soya al atún enlatado hay una operación para bajar costos y aumentar la rentabilidad: a mayor cantidad de la proteína vegetal, menor gasto en el producto. Esa práctica de los industriales mexicanos, descubierta por las autoridades, rebota en los estómagos de los venezolanos.
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