Foto: archivo.

El pan canilla valía a inicios de diciembre entre 2.000 y 3.000 bolívares, pero su valor se disparó desde la segunda quincena hasta alcanzar 12.000 bolívares en el mercado informal, mientras que en enero su ascenso siguió para pisar los 13.500 Bs.

Nada comparado con el importe del mismo producto en una panadería de reciente data en el centro de Tucupita, que sitió el pan en 25.000 bolívares; es decir, el doble de lo que cuesta un pan revendido.

El fenómeno de la hiperinflación ya es un hecho en Venezuela, y en Delta Amacuro se expresa a través del precio cambiante que impone el revendedor o bachaquero, productos como el arroz, la harina de maíz, o el azúcar marcan la tendencia de alza de los productos industrializados.

Por otro lado, el pescado, el pollo, el ocumo, la cebolla o la papa, encabezan la lista de productos del campo que aumentan constantemente.

Aunque existe el debate sobre la existencia o no de una hiperinflación, es importante tomar en cuenta algunos criterios para afirmar que sí existe tal fenómeno económico.

Los aumentos de productos son constantes y descontrolados. Como consecuencia se pierde rápidamente el valor de la moneda, en este caso el Bolívar.

Repitencia de ciclo de circulación de la moneda que pierde más valor en cada ciclo que inicia con su emisión, uso y retorno al BCV. Finalmente al salir nuevamente ha perdido más valor adquisitivo.

Estudios que existen

En el mes de octubre, Venezuela superó por primera vez en su historia el umbral de la inflación al ubicarse en 50.6%, según datos de la firma econométrica.

Lo cual se traduce en que el país entró en una hiperinflación, según el estudio “The Monetary Dynamics of Hyperinflation” (1956) del economista Phil Cagan, quien establece que una inflación mayor a 50% mensual es una hiperinflación.

De acuerdo con los investigadores de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke y Nicholas Krus, la hiperinflación de Venezuela es la número 57 documentadas en el mundo.

Es la segunda del siglo XXI, después de la de Zimbabwe (2007-2008), es también la segunda hiperinflación de un país perteneciente a la Organización de países exportadores de Petróleo (OPEP).

Es primera en América Latina, desde la sufrida en Perú en 1990.

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