Las estaciones de gasolina de Tucupita ven cómo sus reservas –y su paciencia- se agotan con rapidez.

A causa de la crisis, el número de gandolas que las surten semanalmente se redujo a menos de la mitad.

La que antes recibía diez, ahora recibe cuatro, la que recibía cinco, ahora dos; una de las más críticas es la estación ubicada en la comunidad de La Horqueta, zona de pescadores y campesinos en su mayoría, apenas le envían una o dos al mes.

También las afecta la irregularidad en el suministro del combustible, si antes llegaban a principio y mediados de la semana, ahora lo hacen cuando pueden.

Por si fuera poco, existen dos elementos adicionales que deben ser considerados: los cortes de luz y la compartimentación de los carburantes.

En el estado, solo una de las bombas, la de la redoma, antigua Texaco, tiene planta eléctrica, las demás carecen de generadores.

La referida planta no debe encenderse por más de dos horas, ya que se corre el riesgo de que se dañe, lo que limita enormemente el número de usuarios a atender.

Con relación a la compartimentación, las gandolas poseen tres tanques: uno se destina a la gasolina de 91 octanos, el intermedio a la de 95, y el tercero al gasoil. Reduciendo en 1/3 la cantidad de gasolina.

Un problema adicional, que trasciende las fronteras de Tucupita, tiene que ver con las dificultades que confronta la deteriorada flota nacional de transporte a cargo de la empresa petrolera, cuya unidades presentan un franco desgaste viendo como merma progresivamente su capacidad operativa.

El chofer de una gandola nos expresó: “la carencia de cauchos, repuestos y baterías, y su escasa y casi inexistente dotación, mantienen el transporte por el suelo”.

Otros factores que escapan al conocimiento de la ciudadanía desempeñan un importante papel, según un bombero “las estaciones digitalizadas no pueden dejar que el combustible baje por debajo de cierto nivel, ya que las bombas que lo extraen e impulsan pueden quemarse, eso la gente no lo entiende. Cuando se enciende la alarma hay que parar, porque puede producirse un daño que costaría millones reparar”.

Otro bombero nos indicó: “el gobierno clasificó la atención al usuario en consideración al número de la placa, eso empeora las cosas debido a que el numero de gandolas que llega a una u otra, varía, por lo que algunas abren menos días que otras, eso hace que la gente se moleste y tengamos que prestarle el servicio aunque no corresponda a su número”.

Una dama, operaria de una estación nos manifestaba: “ojalá los gobernantes vieran los problemas que tenemos a diario en nuestro afán de cumplirle cabalmente al pueblo, nos ofenden, nos gritan, nos señalan, hasta con nuestras madres se meten y pocos tiene un mínimo de consideración y de empatía para entendernos, son momentos difíciles en los que este negocio se ha convertido en un verdadero dolos de cabeza”.

Un gerente nos dijo: “hasta de traficantes se nos acusa, como si estuviera en nuestras manos determinar a quién o a quienes se les vende, nuestro deber es atender a quien se pone a la cola y eso hacemos, nuestra tarea no pasa de allí. Tenemos supervisión diaria de las fuerzas armadas y es imposible que demos preferencias, más cuando estamos a la vista de todos”.

Una situación preocupante, que inevitablemente nos afecta a todos y que podría empeorar.

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