Foto: Yohel Moreno | Solodeportes | Dir. Audiovisuales Alcaldía de Tucupita

Quiero expresar mi más profundo y sentido agradecimiento a las autoridades de la cámara municipal, por haber determinado mi escogencia luego de serle presentada la terna exigida en estos casos, y por la gentileza en ceder sus espacios para la realización de este evento.

De igual manera, agradezco al comité organizador presidido por Freddy Irazábal, haberme postulado como uno de locutores con posibilidad de ejercer como orador de orden en tan magna ocasión.

Es oportuno y necesario recordar a dos grandes de la locución que nos abandonaron este año en busca del mismo éter que durante años transportó al vuelo sus voces: Eulio Sandoval Martínez y José Ángel Sarabia Rojas, ambos gozaron de un aprecio generalizado, testimonio fiel de que la radio de calidad tiene amigos por montón y leales seguidores.

Poseedores de estilos complementarios, dejaron profundas enseñanzas, un modelo a seguir y contribuyeron a construir, juntos y por separado, gran parte de nuestra memoria colectiva.

También padecimos la desaparición física de Rosita Elina González Rojas, hija de nuestra gran amiga Rosa Amelia González, esposa del desaparecido Epifanio González Serra, en compañía de quien fundara La Sureña del Delta 89.1 FM, de la que Rosita fuera administradora hasta donde la salud se lo permitió. Dios la tenga en su santa gloria.

Mi historia personal en la radio es un vuelo apasionándote. Puedo decir que fue amor a primera vista, el aroma de la radio me embriagó. No sé exactamente cómo ni cuándo, pero me quede absolutamente ligado a su magia.

Esa relación me obligo a pagar un alto precio, redoblaba esfuerzos para cumplirle a mi amada, robándoselos a mi familia. Hoy, aprovechando la ocasión, quiero pedirles perdón, agradecer en público su infinita comprensión y decirles una vez más, que no es nada extraño lo que me sucedió, aquel que experimenta un día la sensación de conectar desde una cabina con miles de almas y corazones que nos sintonizan, sabe a qué me refiero.

Ahora bien, ese amor no está exento de obligaciones, la primera de ellas de carácter ético. La comunicación radiofónica está basada en principios y valores, en un respeto profundo a las leyes y en la obligación de no fallar.

Cuando hago referencia a no fallar, no se trata de un comentario superfluo o de una apreciación vana, es un sentir y una convicción que me brindan cuatro décadas de experiencia radiofónica. La radio es excesivamente celosa de lo que hagamos, no le podemos incumplir, de lo contrario se nos viene el mundo encima, es menester respetar en primer lugar el lenguaje, que horrendo, por decir lo menos, es agredirlo con errores de pronunciación, con palabras soeces y comentarios vacuos que denoten nuestra deficiente educación, es lo peor que puede suceder, es lo más parecido posible a lo que coloquialmente denominados una “raya”.

En segundo lugar, es menester respetar a los radioescuchas, ¿cómo saber quiénes están en un momento determinado en un hogar cualquiera escuchándonos? ¿Cómo adivinar si nos sigue una tierna abuelita o una cándida adolescente? Imaginemos que eso sucede y sin clara conciencia de quienes son nuestros oyentes, nos despachamos en improperios, chistes de mal gusto, palabras de doble sentido y groserías, que ofendan la ética y perturben la conciencia, estaríamos obrando de muy mala manera, sin justificación posible.

En tercer lugar, en el afán de lucirnos cometemos el peor de los errores, nos saltamos todos los resortes morales posibles e incitamos al odio, a la perversión, a la violencia y al desconocimiento de las leyes, creyéndonos dioses, dueños de vidas y designios, cuando lo que estamos haciendo es incumplirle a nuestro deber como comunicadores y “poner la gran torta”.

Son preceptos no escritos, cuales tablas de Moisés, que deben ser acatados con la fidelidad de la brújula que nos guía al destino correcto, o con la rectitud que corresponde al practicante de la Palabra.

Quizá tantas observaciones nos hagan pensar en la actual situación económica que atraviesa el país, y en la obligación de seguir tantas recomendaciones cuando el contexto nos invita a pretender excedernos para obtener mayores beneficios, les diré que sucede todo lo contrario, la radio deltana ha sido noble y encomiable y a sobrevivido dignamente, no ha necesitado nada más.

Les pongo un ejemplo, en nuestro estado existen unas quince emisoras FM y todas, sin excepción, funcionan o están en proceso de hacerlo. Las que momentáneamente están fuera del aire, no se han detenido, están a horas de activar su señal.

Pido desde aquí con mucho énfasis al gobierno regional, que continúe contribuyendo con ellas. En todos los sectores de la economía han cerrado muchos establecimientos, sin embargo, en el mundo de los medios no ha cerrado ninguno, trapeando, boqueando, renqueando, cual purasangre que se niega a claudicar, siguen abiertas, en respuesta a su vocación de servicio público y a su entrega al pueblo.

Esa fuerza interior y decoro inquebrantables tiene varias explicaciones, una de ellas, curiosa por cierto, es que a falta de ídolos naturales en las televisoras locales, los héroes de Tucupita son los locutores y sus heroínas las radios. La majestad de la radio nadie se la quita, con el debido respeto a los restantes medios, y eso hace que surjan fuerzas de su interior para mantenerse en pie cuando las circunstancias las invitan a apagar su señal.

Aprovecharé nuevamente la ocasión para ofrecerles unos consejos a esos héroes, que desde el micrófono alegran vidas, impulsan sueños y estimulan pasiones: debemos leer e interpretar, el tiempo de los analfabetas funcionales pasó, hemos ingresado al mundo del criterio y el discernimiento, y ello nos obliga a prepararnos cada vez más.

No basta con leer incorrectamente y explicar deficientemente, debemos indagar, escrutar la realidad, ser celosos perseguidores de la verdad. Somos exponentes de historias, transmisores de noticias y generadores, querámoslo o no, de matrices de opinión que marcan rutas y rumbos a la ciudadanía.

Bastar ya de jugar irresponsablemente con el micrófono, de opinar a la ligera, de sujetarse a intereses subalternos y secundarios con marcado interés personal y soterrado énfasis político, y de promover vicios y desenfrenos que subviertan el orden público y desvían el norte de nuestras sociedades. Debemos ser críticos y autocríticos, respetarnos y respetar ese maravilloso instrumento que nos ha sido legado por gracia de Dios, para llegar desde la voz al oído, y dese allí al corazón de nuestra gente.

No quiero sermonear ni ser reiterativo, sencillamente deseo aprovechar la oportunidad que me brindan y el significado profundo que encierra esta institución y el recinto que la acoge, para ahondar en reflexiones que puedan contribuir con mejoras sustantivas a la que es una profesión en todo el sentido de la ley, la locución.

Señores concejales, sepan que los medios de locución y sus protagonistas los locutores, estamos dispuestos a colaborar, a sumar esfuerzos, a contribuir en lo que sea necesario, para que este organismo se consolide y la sociedad avance.

Por cierto, si algún profesional se ve forzado por fuerza de circunstancias a colaborar sin exigir nada a cambio, son los locutores, así como un vaso de agua no se le niega a nadie, jamás nosotros negamos el derecho de palabra a persona alguna, quizá por eso seamos tan mal pagados, existe la concepción de que nuestro trabajo tiene mucho valor social y poco valor pecuniario, cuando deberíamos contar con los mejores emolumentos del planeta, en función de nuestra omnipresencia en cada hogar, a través de la radio.

Aceptamos ese destino con humildad, exigiendo modestamente que se nos escuche, aprecie en nuestra justa dimensión y se nos respete, así como nosotros respetamos el espacio radioeléctrico que las leyes nos autorizan a invadir, puliendo nuestra dicción, educación y conocimientos, convirtiéndonos en herramienta de extrema utilidad para juntos, locutores, autoridades y pueblo, construir el Delta que soñamos.

En ese sentido, solicito todo el apoyo posible a Elisa Arrieta, presidenta de la cámara, a fin de que este nuevo proyecto, lleno de buenas ideas, provisto de las mejores intenciones y ganado a producir cambios sustantivos que tracen un destino de bienestar y provecho, salga adelante.

Quiero finalizar como empecé, agradeciendo. Somos caminantes que no hicimos solos nuestro camino, hubo muchos que nos acompañaron añadiendo estelas al noble rastro que dejamos en el majestuoso Orinoco, el gran escenario de nuestros ensueños radiofónicos, la pista de agua que ha contribuido por efecto de la naturaleza a brindar un ancho canal de navegación a las voces que se deslizan raudas y veloces, y llegan sobre su caudal muy lejos.

Empleé justamente la palabra Orinoco, por una razón en particular, devoto seguidor de las enseñanzas del maestro Sócrates Hernández, fundador de radio Tucupita 1270 kHertz, pienso que hemos olvidado en ocasiones a los fundadores de las primeras FM en el estado, el señor Luis Rincones, quien de chofer de autobús, en tiempos en los que un exconductor del Metro gobierna nuestro país, y operador de radio, pasó a edificar Oceánica 98.5 FM, y al desaparecido amigo y hermano José Latouff, que en sociedad con el Ing. Sarkis Nemer, fundan Orinoco 92.9 FM, emisora tan potente y promisoria, que con la fuerza de su señal penetraba incluso el mismo estado Monagas, llegando al centro de su corazón político administrativo, Maturín.

Fueron pioneros en la justa extensión de la palabra, albergando sueños infinitos que siguen incubándose en espera de momentos futuros de mayor esplendor. A ellos mi honra infinita.

Para ir culminando, es imposible dejar de lado a los anunciantes, nuestros más ciegos creyentes, gracias a ellos hemos logrado sortear sequias, tormentas y crisis de distinto tenor, con la fe puesta en que vale la pena continuar.

Si no tienen como cancelar acuden al trueque y a la compensación en bienes, con el único afán de ayudarnos a seguir adelante.

Los hemos visto flaquear, estar a punto de quebrar y sin embargo, buscan la forma, la manera de echarnos una manito. Si nos consideramos súper héroes de una ciudad, los comerciantes son nuestros salvadores.

Entre los anunciantes es insoslayable incluir a la gobernadora del estado, Dra. Lizeta Hernández, y a la alcaldesa de Tucupita, Profa. Loa Tamaronis, figuras públicas que han optado por subsidiar nuestros esfuerzos a sabiendas de la dificultad natural de ejercer la labor en los tiempos que corren.

Pido por último, disculpas por algún error involuntario que haya cometido a lo largo de mi carrera radiofónica, se que hubo muchos, mas debo hacer constar que jamás perseguí dañar a nadie, ni hacer algo que fuera en perjuicio de nuestra sociedad. A ustedes me debo, y así será por siempre.

Pedro José Sánchez Gamboa 

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