Por: Josdelys Rabatt | Estudiante de periodismo | 28 mayo, 2020

A comienzos de marzo de 2019, Venezuela vivió el apagón eléctrico nacional más grande en su historia. Sin luz, comunicaciones, agua ni modo de hacer compras o trabajar, los venezolanos se vieron confinados a permanecer en casa por varios días. A un año de ese evento, la situación con el COVID-19 es mucho más confinante y duradera. Los primeros casos confirmados de la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020 en Venezuela, fueron reportados por el Gobierno Bolivariano el 13 de marzo de 2020, reportándose luego la primera muerte por la enfermedad el 21 de marzo del mismo año.

Los medios de comunicación se han mantenido fuertes y muy comprometidos, hacen hasta lo imposible por mantener comunicada a la población.En el caso específico del estado Delta Amacuro, existen una cantidad de problemas con el internet, conectividad, problemas con la luz, son situaciónes que afectan de una u otra manera el trabajo que han venido realizando los periodistas,  a esto se le suma la falta de gasolina que ha sido la principal problemática de la desinformación.

Mientras tanto, la crisis del COVID-19 comienza a mostrar efectos similares a otras emergencias que se han vivido. Desde el decreto oficial de una cuarentena social en todo el país, se han podido observar largas colas en los comercios y estantes de productos vacíos. Sin embargo, muchas personas están atendiendo la cuarentena impuesta; pero otras han tenido que salir  a las calles a trabajar para llevar a sus hogares el pan de cada día.

La llegada del coronavirus sorprendió a todos los ciudadanos sin ningún tipo de defensa, no solo se trata de la situación hospitalaria, sino también de la crítica realidad económica que se ha venido agudizando desde años anteriores. La caída de los precios del petróleo y las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense contribuyen aun más para que este proceso sea bastante difícil.

En el caso de los deltanos se han visto muy afectados ante la falta de transporte y combustible, varios de los habitantes de la parroquia Juan Millán  han tenido la obligación de  caminar hasta el centro de la ciudad de Tucupita, para adquirir los productos principales de la canasta básica alimentaria y medicamentos a un costo más accesible que el de las bodegas cercanas de su comunidad.

Aunque las medidas impuestas por el gobierno regional para evitar la fácil propagación del virus se habían flexibilizado, estas se volvieron a reforzar al confirmarse cinco casos de coronavirus por contagio comunitario en el estado.

Tal como lo comentó una habitante de la comunidad de Carapal de Guara, le hacen un llamado a la gobernadora Lizetta Hernandez para que al igual que en otros estados del país, se activen las rutas de transporte publico al menos dos días por semana para que los usuarios puedan llegar al centro de la ciudad con mayor facilidad.

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