Carreño vino a truncar una yunta al estilo Sara Mata (+) y Call

Carreño vino a devolver el favor a Lizeta, el aventón que le garantizó su tercera diputación.

También vino a traer un mensaje, el mandato de las más altas esferas del poder.

El chavismo no quiere correr riesgos, no desea poner parte del oriente y del suroriente del país en manos de la oposición, no considera en lo mas mínimo la posibilidad de perder ambas gobernaciones, no consiente volver a un pasado no tan distante en el que Guillermo Call y Sara Mata Aranguren (+) caminaban de la mano, ahora con Call y Larissa como protagonistas.

Desde el corazón del chavismo se trajo un decálogo de instrucciones y un mazo de órdenes: todos, absolutamente todos los integrantes de los trenes directivos de las instituciones públicas, tanto civiles como militares, deben subordinarse a los mandatos del Psuv en aras de conquistar la victoria en la venidera contienda electoral.

Lo mismo aguas abajo, en una pirámide de lineamientos que han de respetar desde el más encumbrado de los dirigentes hasta el más humilde de los obreros, desembocando en una ancha base electoral.

Carreño vino a amarrar la hallaca, a sabiendas de que en estos momentos sus ingredientes andan desparramados sobre la mesa. El jueves vendrá Diosdado al cierre de campaña de Lizeta con el mismo objetivo.

Vienen a frenar el desastre.

 

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