“He venido para que tengan abundancia”

Queridos hermanos y hermanas, cristianos católicos, hombres y mujeres de buena voluntad, saludos fraternos de Paz y Bien.

Me dirijo a ustedes, como Pastor de esta iglesia que peregrina en el Vicariato Apostólico de Tucupita, preocupado y alarmado por los últimos acontecimientos suscitados en amplias zonas del territorio nacional a causa de la interrupción del servicio eléctrico, causando sobresalto, sufrimiento, angustia e inseguridad al pueblo a quien servimos desde el Evangelio.

Como a Jesús de Nazareth, también hoy se nos conmueven las entrañas a compasión viendo la indefensión y la tragedia de tantas hermanas y tantos hermanos nuestros a quienes acompañamos y confortamos según nuestras posibilidades.

QUÉ VEMOS

Vemos y estamos experimentando situaciones muy trágicas, que van mas allá del juego político, situación que va desgastando al ser humano en lo social, en lo anímico, en lo mental, en lo moral y en lo espiritual.

Estos nos ha sumergido en un mar de deterioro que no solo violenta los derechos humanos, sino el concepto de lo humano. Hay un colapso total de todo aquello que permite vivir con calidad: los servicios públicos no funcionan, las instituciones están secuestradas, la corrupción reina descaradamente, no hay control social en los planes administrativos, etc.

Todo se reduce a promesas que se transforman en retorica política mientras el pueblo se muere de hambre, sed, penuria, falta de medicamentos, deterioro creciente de los centros de salud y asistenciales.

La paralización del servicio eléctrico en casi todo el país no es más que una muestra de la indolencia, desidia, falta de mantenimiento y la incompetencia del gobierno nacional.

Extrañamos sobremanera que las autoridades gubernamentales no hayan salido desde el primer momento de la emergencia, a dar respuesta eficiente de la situación socorriendo a los enfermos hospitalizados, con generadores eléctricos a los centros asistenciales,  agua, alimentos y medicinas, pues ente muchas otras cosas, quedó interrumpido el servicio automatizado de pago “por punto”.

QUÉ DICE DIOS

La Constitución de nuestra nación como proyecto país sigue siendo una deuda con el pueblo. Los desafíos y retos plasmados allí aun reposan en letra muerta. Venezuela necesita volver al desarrollo integral, volver a la productividad a través del trabajo digno y el disfrute justo. Las instituciones deben estar al servicio de los ciudadanos y no de parcialidades políticas e intereses personalistas.

Las personas y el pueblo no son esclavos de una doctrina o tendencia político partidista y menos de sus líderes. El proyecto de Dios es que todos tengan vida y ésta en abundancia (Jn 10,10) y esto se logra con justicia y libertad. También Dios, hoy como en otro tiempo al pueblo de Israel esclavo en Egipto, escucha el clamor de su pueblo que hoy esta oprimido y agobiado.

La política debe estar al servicio de la ciudadanía, esta es el arte de hacer el bien común. Es la más alta expresión de la caridad y el derecho.

QUÉ DEBEMOS HACER

El gobierno nacional y regional debe enseguida acudir y socorrer a la población más vulnerable con equipos para solventar la falta del servicio eléctrico, agua para la hidratación y servicio domestico, alimentos medicinas, etc.

La Iglesia seguirá sirviendo al pueblo de Dios. Le acompañará en esta desventura. Seguirá sufriendo y caminando juntos. El gobierno debe dar paso a una nueva forma de hacer política con personas idóneas, capacitadas y éticas. Los militares deben dejar de jugar a políticos y ponerse del lado del pueblo. Dejen de reprimir. La solidaridad y la caridad en la verdad deben ser los ejercicios de toda comunidad eclesial. La Comunidad Cristiana seguirá cercana a los que más han sufrido este apagón: niños, enfermos, familiares de los difuntos.

Es urgente la necesidad de un cambio de rumbo gubernamental. Hasta ahora las políticas públicas naufragaron, son un desacierto, una burla hacia el pueblo. Hacemos finalmente un llamado a la Comunidad Internacional, principalmente a los organismos de DDHH, a que sean garantes eficaces de la vida y seguridad de nuestro pueblo.

Monseñor Ernesto Romero.      

 

 

 

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