La gobernadora se trazó dos metas: ajustar cuentas luego de 9 años de diatribas estériles que le ocasionaron numerosos dolores de cabeza, y borrar cualquier vestigio de Alexis en la política deltana. Lizeta no quiere ni siquiera un carbón encendido, está determinada a liquidar cualquier trazo de ceniza que haga recordar al ex alcalde.

En función de ello, la pasada semana al más puro estilo de las reuniones entre gánsteres de los 60, con toda la parafernalia del caso, se reunió con los Herrera y con algunos de los aliados que todavía le quedan –o le quedaban- a Alexis.

La conversación habría durado más de 5 horas, caracterizándose por momentos de tensión en los que imperó la aspereza y espacios de alivio donde reinó la cordura.

La gobernadora sabe que los Herrera y compañía forman parte del arsenal de Alexis y quiere desactivar cualquier acto de rebeldía futuro, para lo cual debió emplearse a fondo.

Al final, parece haber salido humo blanco, sin refrendar acuerdos hubo exigencias de parte y parte que ambos sectores deben cumplir para que se establezcan la paz y la armonía duraderas.

En realidad, la idea no es erradicar el alexismo, que quedó bastante golpeado, su intención va más allá, es la misma de siempre, ahuyentar todo aquello que pueda oler a Yelitza o a su potencial intención de abrirse nuevamente camino en el Delta.

Lizeta ya tuvo bastante y no quiere un segundo capítulo, sabe que Yelitza pesa.

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