Cuando apenas clareaba el sol, sobre las 6:30 am de este viernes 15 de noviembre, en pleno centro de Tucupita, dos hampones hicieron de las suyas.

En ese momento, diagonal al obelisco de calle Petión, frente al minicentro comercial que hace esquina, a las puertas de uno de los locales, delante del cual se habían estacionado los afectados, ocurrió la acción delictiva.

Las víctimas fueron, el conocido comerciante de partes y piezas automotrices, Alexander Domínguez y su joven vástago, compañero de faena en la microempresa.

Los hechos sucedieron muy rápidamente, tanto, que a duras penas los recuerdan; “no hubo tiempo para pensar, cuando los vi apuntaban con una pistola a la cabeza de mi hijo”, expresó Domínguez.

“El muchacho quiso resistirse, pero le pedí que entregara su teléfono y le dije que tomara el mío de la guantera con el dinero que había y se los diera, lo material se recupera, no así la vida”, manifestó con la tez muy clara, como si reviviera la escena.

En medio del vértigo, Alexander tuvo una fugaz idea que puso en práctica al instante, “levanté las manos para que quienes pasaran entendieran lo que sucedía y dieran aviso a los cuerpos de seguridad, pero nadie pareció percatarse”.

El botín fue pingüe: dos celulares inteligentes de gama alta, una importante suma de dinero, y las llaves del vehículo.

A pesar de la magnitud del robo, lo que más le dolió al emprendedor fueron las llaves del carro, “no tengo otras y la copia de cada una puede costar hasta 200 verdes, no tienen ni idea de la broma que me echaron”.

Al culminar, los atacantes caminaron rápidamente hacia el cementerio viejo, desplazándose hacia un costado de la entrada, desde donde habrían ido a Los Cedros, Los Chaguaramos o Alexis Marcano I, urbanismos periféricos del campo santo.

Minutos después, en compañía de varias personas, el comerciante recorrió la zona por donde supuso pudieron haber escapado, recibiendo respuestas nada esclarecedoras sobre los perpetradores; “nadie los vio, ni los han visto anteriormente; por más que los describí, no hubo una sola persona que dijera saber de quienes se trata, posiblemente vengan de otro lugar”.

Como es natural, los afectados interpusieron la denuncia a media mañana, sin abrigar mayores esperanzas; “mejor resignarnos”, se les oyó decir cual si fuera un dúo.

A pesar de todo, hubo un aspecto que resaltar: “me despojaron de todo, menos de la dignidad”, finalizó Alexander.

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