Emir es un digno representante de la estirpe Balza. Con una encomiable particularidad, heredó la vena musical de su papá Eudes, y la pluma poética de su tío José, una yunta admirable.

Joven como lo fueron ellos cuando comenzaron a cultivar sus dones, le queda un largo camino que recorrer y un universo de mundos ficcionarios que aportar.

Una senda de autor que trazar, de cuyo principio somos testigos de privilegio y excepción.

Contrastes

Los arboles eran tan altos que era imposible tocar solo una hoja de sus ramas. Seguramente, pudieran medir veinte o treinta metros. Eran inmensos, gigantescos. Parecían de otro universo. De pronto, una ardilla caminaba suavemente entre sus ramas, muy despacio, y entre las enredaderas lograba cruzar de uno hacia el otro árbol. Era en los barrancos donde yo observaba el lugar a mí alrededor. La mañana estaba nublada, el clima demasiado frío y yo sentado, abrigado, miraba hacia el cielo, esperando que las horas transcurrieran. Las nubes le daban perspectiva al cielo azul, mientras este cambiaba de colores, la tierra se calentaba con los rayos del sol, que penetraban las enormes nubes. El pasto se secaba aunque no moría. Siempre el clima cambiaba al cerrar los ojos. De pronto en mi pensamiento, una canción muy sonora se desliza con suavidad. Con una melodía instrumental impresionante. A mi mente llegan palabras que se alargan acoplándose cuidadosamente a la rítmica que nació de repente.

(Marzo 2016)

El sonido de las aves

Las aves cantan su melodía casi juntas; preparan su propia canción sin ellas notarlo.

(Febrero 2016)

El viejo árbol

Cada hoja se desprende del árbol más viejo y el árbol que miro se seca poco a poco.

(Diciembre 2015)

Anochecer

Aquella noche fresca, frente al joven Brandol, una estrella errante se vislumbró pasar. Él mirando el inmenso cielo, quiso de prisa seguirla, pero la luz brillante se desvaneció en el gigantesco espacio. Mientras él caminaba, la fuerte brisa húmeda tocaba su rostro. Esa noche los arboles dormían y debajo de sus enormes ramas los grillos cantaban. El joven observando su alrededor continuó desplazándose con velocidad. Keren, el amor que fue siempre desde su niñez, lo esperaba como todas las noches recostada del cerezo, frente a su alcoba. Para su amor él traía en sus manos chocolates y un libro de cuentos. Mientras los minutos transcurrían el camino tan lodoso se hacía cada vez más corto. De pronto detalló a lo lejos la silueta del cuerpo de Keren y sonriendo se acercó abrazándola fuertemente. Antes que amaneciera se acariciaron y besaron frente al cerezo, haciendo el amor sobre sus hojas.

(Julio 2018)

Letras blancas

No debo escribir sobre papeles, nadie debe leerme, solo quiero encontrarme conmigo mismo en algunas de esas narraciones. No deseo compartir lo único que me ata a ti: silencio, soledad y naturalidad. Mis sueños son tuyos, solo te pertenecen cuando los pienso en cada instante.

(Abril 2018)

Hipnosis

Quizá soñé despierto ese día. Ha ocurrido solo una vez conmigo. Mi cuerpo fue tomado por la naturaleza; el pasto, los árboles y el vastísimo río. Un vértigo repentino sacudió suavemente mí rostro, pero en segundos transcurridos logré controlar el vértigo que me había envuelto. De prisa contemplé los alrededores y muy vertiginosamente mis ojos se abrieron tan grandes como la gigantesca luna llena, cautivados por la belleza de ese misterioso lugar. Había en ese hermosísimo lugar árboles de todos los tamaños con sabrosos aromas, frutos de muchos sabores y flores con variados colores. Un río extenso con el sol resplandecía y cada marea suya a lo lejos mágicamente se iluminaba. En la noche también contemplé mirando ansiosamente un cielo cubierto de estrellas, eran incontables. No hubo sonidos que perturbaran mis oídos. Y en ese transcurrir de contrastes siempre mi cuerpo estuvo inmóvil. Definitivamente estaba enamorado de ese agradable y tranquilo lugar, pero cuando de un sobre salto desperté, nada de esto había ocurrido.

(Enero 2018)

 

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