Foto: archivo.

Los altos precios de los alimentos y las fallas constantes de las líneas en los puntos de venta de los comercios en el municipio Tucupita, han vulnerado más a los deltanos, quienes de por sí, apenas se centran en sobrevivir.

Pero, ¿cuál ha sido uno de los peores momentos en los que las familias han tenido que actuar pronto para lograr acceder a la comida?

La señora Carolina González, de 33 años de edad, relató que en alguna oportunidad tuvo que dirigirse hasta la casa de su hermano para pedirle un kilo de arroz y así darle de comer a su hija de 6 años de edad. Los fuertes lazos familiares, y por ende la solidaridad, ha sido vital durante sus días más críticos, en los que ha amanecido sin nada para comer.

Ella es madre soltera, y vive con su mamá y uno de sus hermanos en la comunidad de Paloma, un  sector ubicado en la vía nacional de Tucupita.

Carolina González relató que hace una semana amaneció sin nada de alimento en su casa, pero además no tenía dinero en  efectivo para pagar el pasaje en un autobús para llegar al centro de la capital deltana, donde se atrevería a hacer “cualquier cosa” para encontrar comida.

Ante esa traba, la madre tuvo que caminar por todo su sector hasta llegar a casa de su hermano para quitarle prestado un kilo de arroz.

“La desesperación de madre es tan grande que, hace que uno busque la forma de darle de comer a su hija, prácticamente la pena que tenia uno antes para pedir comida, ya no existe”, dijo la madre.

Pero Carolina González ha visto  llegar a su puerta varios padres y madres, quienes también, bajo  su condición, han pedido colaboración para sus hijos.

“Uno se pone a pensar en cómo ayudar a esa persona, pero si tienes un poquito de comida, cómo uno hace, tampoco puedes”, lamentó la joven madre.

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