Prof. MSc. José Daniel Fuentes

La estatua mide 4 metros de alto, 3,80 metros de largo y 1,5 metros de ancho y en ella el Libertador Simón Bolívar, está sobre un caballo rampante sostenido por sus patas traseras sobre el pedestal. Es una Estatua Ecuestre en Bronce de tamaño súper heroico, Obra del Escultor Venezolano Julio César Briceño, Ubicada en la ciudad de Tucupita, Edo. Delta Amacuro, Venezuela.

Fue  construida y erigida durante el gobierno regional del ex alcalde Edgar Domínguez, esta estatua debe ser considerado un icono universal y único, fue inaugurada el 24 de Julio de 2007, pero además de estos datos, presenta las siguientes curiosidades: fue hecha con Bronce Francés de la mejor calidad; pesa 4 toneladas sin el pedestal; fue fundida en el Museo de Artes Las Barracas en Guarenas, estado Miranda; representa a Simón Bolívar en Entrada Triunfante después de la Batalla de Carabobo; está ubicada hacia el este (Calle Dalla Costa), pero su mirada y espada apuntan hacia el Sur, su eterno Sur; para su traslado desde Miranda el convoy tuvo que viajar sólo de noche; se usaron tres grúas plumas para su montaje; se podaron algunos árboles durante su instalación y se terminó de instalar y pulir a las 11:37 pm del 23 de Julio.

Otro dato interesantísimo, según explicó el Dr. Edgar Domínguez, es que, en el pedestal se dejó un espacio, donde se ubicó una Capsula de Tiempo, sí así como lo oyen, donde se colocaron los periódicos del momento, los decretos de la municipalidad y lo más sorprendente y simbólico, un frasco con tierra del Monte Sacro, donde Simón Bolívar hiciera aquel juramento conocido por todos, «¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!», la cual fue traída por el propio Alcalde y para seguir con lo simbólico, comenta el Dr. Domínguez, que en el momento de realizar el friso del pedestal, a esta mezcla también se le agrego una pequeña porción de tierra traída del Monte Sacro.

Como dato general, se dice que el caballo de la mayoría de las estatuas ecuestres de Bolívar, son una representación de uno de los caballos más famosos, El Palomo; este equino fue uno de los caballos de Simón Bolívar, era blanco, de gran estatura y con una cola que llegaba casi hasta el suelo. (Característica usada por varios escultores para ayudar a fijar al caballo rampante). Regalo de Casilda Zafra, una campesina de la población de Santa Rosa de Viterbo, hoy departamento de Boyacá, Colombia, poco después de la travesía del ejército patriota desde los llanos venezolanos atravesando el páramo de Pisba en 1819. Aunque este caballo no fue utilizado en la Batalla de Carabobo, Simón Bolívar sobre el lomo de Palomo, venció en la Batalla del Pantano de Vargas, en la Batalla de Boyacá, en la Batalla de Bomboná y en la Batalla de Junín, por ello, se le guarda cierto reconocimiento al famoso caballo blanco de Bolívar, El Palomo.

Otro hecho curioso, es que existieron reglas implementadas desde el Imperio Romano hasta el Renacimiento italiano en Europa, donde indicaban que sí nos encontramos con una estatua ecuestre: Si el caballo tiene dos patas en el aire, la persona murió en combate; sí el caballo tiene una de las patas frontales en el aire, la persona murió de heridas recibidas en combate; y sí el caballo tiene las cuatro patas en el suelo, la persona murió de causas naturales, sin embargo, esto no se cumple en la actualidad ya que todos sabemos que nuestro Libertador murió enfermo y no en batalla, pero esta norma no es algo que se tome de manera irrestricta, todo se debe a un criterio artístico-emocional del momento histórico que se desee representar, es decir totalmente valido.

Increíblemente esta estatua ecuestre obtiene más  notoriedad histórica debido a que la plaza Bolívar más grande del mundo, Plaza Bolívar – Chávez, en el estado La Guaira, de Venezuela, cuya pieza principal, Un Ecuestre de Simón Bolívar, fue creada por el mismo artista que construyó nuestra estatua ecuestre del Libertador. Teniendo Tucupita el privilegio de contar con la primera de ese molde, solo variando un poco en la postura de una de las patas del caballo encabritado y diferencias muy sutiles con el nuestro. Por lo cual debemos sentirnos orgullosos de lo nuestro y darle el verdadero valor a esta visión hecha realidad.

Es necesario retomar la lectura en las escuelas, de lo inherente a este monumento tan emblemático de nuestra capital Deltana, orgullo de todos, y para ello no hay mejor texto que el elaborado con motivo de su inauguración, Un momento en la historia de Tucupita, de la autora Ana Margarita Flores, para el entonces, presidenta de la Asociación Ayer, Hoy y Mañana. Apoyemos lo nuestro, sintámonos orgullosos de lo nuestro, el Delta es lo mejor.

 

 

 

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