Daratu: los ojos de la muerte. Capítulo V

Ilustración de Joine Ramos

Una historia original de Tane tanae

Lea el cuarto capítulo AQUÍ.

Está protegido entre paredes, pero desconoce cuánto puede soportar aquellos acompañantes de cemento. Las películas de Hollywood le han dicho que sí. Su mamá está bajo una cama con una amiga.

Las redes sociales penetraron La Vega primero que las fuerzas de seguridad. Las ráfagas de disparos vociferaban un enfrentamiento. Ya no supo qué hora era. El seno montañoso ocultó el sol.

Uno, dos,y hasta cinco tiros impactaron la esquina de la pared donde estaba Daratu. Él intentaba llamar a su mamá y lo logró. Las balas continuaban besando, rozando y hasta mordiendo aquellos paredones de blanco tímido, chorreados, pero por ahora resistentes.

– Aló, ¿dónde estás, mamá?
– Saliendo de la casa de mi amiga, su esposo, que conoce a la gente de por aquí, nos están sacando escondidos a mi y a varios.

No estaba tranquilo. Permanecía entre paredones y, desde ambos sentidos, vio chispas de polvillos y escarchas de cemento. No podía salir, pero quería hacerlo. Para intentar tranquilizarse, por momentos se imaginó estar acostado sobre la proa de una canoa surcando las calmadas aguas de los caños pequeños del Delta. Escuchar los ligeros chapoteos y dormirse por horas, mientras la inmensa selva lo mece entre sus brazos y cánticos.

Pero los disparos lo estremecieron y despertó. ¿Eran las seis de la tarde? Siente que por lo menos puede salir gateando. Como si de un fuerte viento se hubiese tratado, que lo arrastró hacia aquel hervidero caraqueño, estaba arrepentido. Se ha olvidado en esta oportunidad de Nabaida, quien ya lo esperaba en Tucupita, cerca de ese redundante caño Manamo.

Su mamá lo llamó y dijo que ya podía escuchar los disparos a lo lejos y cada vez más.

No hay tiempo que perder. Los policías y militares se retiran o ganan más espacio, él aún no lo sabe. Va casi arrastrándose rápido y huyendo de los silbidos mortales e invisibles. Ya está por lograrlo, pero a su lado, los pasos de un hombre se desvanecen y cae. Es un funcionario de la policía nacional de Venezuela. Se miran entre sí: en uno hay esperanzas, en el otro, probablemente muerte…

Continuará.

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