Daratu: mi regreso al Delta por ella. Capítulo III

Ilustraciones de Joine Ramos

Una historia original de Tane tanae.

Lea el capítulo II AQUÍ.

Cuando estaba por subir a la cama;  debilitado, semidesnudo y tras haber tenido una erección, una extraña erección, llamaron a la puerta una primera vez.  Daratu, confundido, no sabía si esto era real o formaba parte de ese episodio extraño en Caracas, la ciudad que debía abandonar pese a la oposición de sus padres.

Ahora llaman a la puerta por segunda vez, en cambio ya puede escuchar que es real y lo oye con más nitidez. Se levanta sosteniéndose de la cama. Ya de pie, pasa sus manos por su cara y repite esa acción por todo su cuerpo. Ya no hay debilidad, sus jugos gástricos han regresado y su visión se aclara, aunque su conocimiento no del todo bien.

Ella, habiéndolo visto, de piel oscura, semidesnudo, abdomen plano y musculoso, enrojeció. Entonces supo que todo estaba en orden. Daratu no le dio motivos para explicar lo que había ocurrido en aquella habitación amplia, húmeda  de muebles roídos, tétrica. Eran las 4:30 de la tarde.

Él salió del Delta hace 18 años, cuando apenas  era un bebé. Su padre, hijo de una india con un afro de Güiria. Su mamá, una española abandonada por su familia por haber huido con su actual esposo. Sus vidas habían transcurrido en Tucupita, envueltos de húmedas mañanas de inesperada lluvias de gotas gruesas ruidosas que se arrastran hasta el caño Manamo para enturbiarlo más de calidez del sol que se niega ocultarse entre aquel horizonte rojizo, ocre, o inesperado color.

Dentro de aquel chico robusto de 18 años de edad, había un alma, corazón y  hormonas conectadas con Nabaida, de quien supo su existencia mientras escarbaba entre las redes sociales de Tucupita, durante los saqueos en el año 2016.

Un día antes escapó de su casa y ya nada le importó hasta el momento en el que recibió una llamada…

Continuará.

Compartir contenido

Vamos a encontrarnos en Telegram https://t.me/Tanetanaedelta