Muy pocos. Son contados. Más contados aún son los que se dedican a taxear, representan un porcentaje muy pequeño de los que todavía ruedan.

Algunos engañan, están en manos de los organismos de seguridad. Es un secreto a voces de dominio público, incluso no hacen mayor esfuerzo por ocultarlo, se les ve a las puertas de los organismos.

Las causas son múltiples, la exigencia a que fueron sometidos algunos al exponerlos al rigor de las rutas interurbanas fue excesivo, no aguantaron la pela.

Otros padecen del mal generalizado, batería y cauchos. Difíciles de conseguir e impagables a los precios actuales, sentenciaron al paro a muchos de los vehículos.

Algunos terminaron destinándolos a causas políticas, mucho están fuera del estado, y bastantes fueron vendidos. Sostener un carro es una de las tareas más complejas en la actualidad, supera cualquier previsión arruinando los bolsillos.

Tampoco abarataron los precios del transporte público, sus tarifas van a la par del tarifario comercial.

Al final, el número de los que prestan un servicio público es mínimo, la fórmula de ponerlos en mano de los activistas psuvistas funciono a medias. Políticamente generaron dividendos a la revolución, no así a los usuarios, que los ven pasar a lo lejos.

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