Los 80’s se vieron sacudidos por una curiosa moda en Tucupita, la aparición de los Lada.

Provenientes de la URSS, representaban la apuesta del bloque comunista para competir a escala mundial.

En países como Cuba se les conoció antes, ya en los 70 los vehículos de la marca más popular del sector soviético circulaban en la isla.

No había mayor problema, competían con los vehículos americanos de los 50, que fueron los últimos en ingresar desde los EEUU a la nación de Fidel Castro.

Los Lada también representaron la irrupción de una nueva modalidad empresarial en Tucupita, con ellos se fundaron las primeras líneas de taxi.

Su venida incluyó la inauguración de una agencia de automóviles, una de las cinco que existieron en la Sultana del Manamo, ubicada en la redoma La Salida, donde también se vendieran vehículos Toyota.

Estaban acompañados por los Niva y los Samara, carros complementarios, uno rustico y otro sedan de porte señorial, que impulsaron la popularidad de la marca.

A partir de la caída del muro de Berlín y el cambio evidente en las reglas de juego empresarial en Rusia y los que fueran sus países satélites, los Lada comenzaron a desaparecer y sus repuestos comenzaron a escasear, hasta que se fueron extinguiendo.

Para muchas personas significaron más que una reliquia, económicos y rendidores, eran cuidados con el celo de un padre por la niña de sus ojos.

Curiosamente, todavía circulan. En cantidades ínfimas, sin embargo, los hay que parecen casi nuevos. No en balde, se calcula que se produjeron unos 20 millones en el orbe.

Un mundo singular, atravesado por la guerra fría y la pugna entre dos grandes potencias, que nos dejó la herencia de un Lada y de una época de la humanidad, que bajo la amenaza nuclear pudo llegar a desaparecer.

Por fortuna, fue él Lada tradicional el que desapareció, dando pasó al AutoVaz, nuevo nombre de la marca, que quizá algún día llegue nuevamente a Tucupita.

 

 

 

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