Debemos mejorar

Los venezolanos nos vemos afectados hoy en día por la difícil situación económica. Es una crisis profunda que no recordamos haber vivido antes.

Por fortuna, nuestra conciencia nos separa de los animales, a pesar de compartir en más de un 90% caracteres genéticos, Dios nos proveyó con inteligencia y determinación, con en base en criterios de razón y en la posesión del sentido común.

Además de ello, inventar e innovar son parte de nuestros atributos, el libre albedrio que nos asiste y la imaginación que hace las veces de nuestra principal aliada, marcan la diferencia.

En estos tiempos, parece que la norma es canibalizarnos, comernos los unos a los otros, devorar los espacios que corresponden a cada quien aprovechándonos en forma arbitraria de lo que a otros pertenece por derecho propio.

Desde que el hombre y la mujer existen sobre la tierra cada persona ha tenido su espacio, su territorio, un ámbito vital, una comarca para desarrollarse y crecer.

No podemos tomar las cosas a la fuerza, es ley de vida respetar, dar a cada cual la libertad que le corresponde, con la condición de que honre la nuestra. Es menester dejar que los demás respiren, se oxigenen, sin menoscabar sus atribuciones. Lo dice el principio básico de la convivencia, el respeto al derecho ajeno es la paz.

En la actualidad, las múltiples carencias nos llevan a enfrentarnos los unos con los otros, apropiarnos de aquello que no nos corresponde, transgredir la ley haciéndonos con lo mal habido, sin considerar el perjuicio que podamos ocasionar.

Cada vez que abuso de mis potestades tomando lo que no me pertenece o apoderándome de aquello que no gane en buena lid, abro una profunda grieta en la sociedad.

Cada persona es única e indivisible, representa un aura, un color, una esencia, tiene metas y sueños, y los va desarrollando en la medida de sus posibilidades. Esa conjunción de factores va armonizando con los del prójimo, hasta formar el estupendo arco iris que conforma la sociedad. Pobres de aquellos que ven el mundo en blanco y negro.

Cuando hacemos hincapié en los anti valores, abusamos de la viveza, incurrimos en la trampa, violentamos los principios que orientan la vida en sociedad.

Es necesario recuperar los pasos perdidos, comenzar de nuevo, reorientar nuestras actividades vitales, es aras de recomponer aquello que hemos roto.

Esta generación perdida en términos de criminalidad, embarazo precoz, violencia, maltrato a la mujer, debe ser reconducida para dar paso en la venidera década a un mundo acorde a los deseos y el bienestar de nuestros hijos.

Cada segundo que perdamos ahora en la inminente tarea de dar un vuelco a la forma en que hemos venido viviendo, implica un retraso de años en la conformación de la sociedad futura.

Hagámoslo por nuestra descendencia, brindémosle a los retoños de todos, que son el mundo para cada quien -ya lo decía el inmortal Andrés Eloy Blanco: “Cuando se tiene un hijose tiene el mundo adentro y el corazón afuera”- la posibilidad de una sociedad distinta, de un planeta mejor.

No podemos permitir que nos siga invadiendo el deterioro materializado en la dificultad para comunicarnos, en las carencias, las urgencias y la pobreza espiritual. Rescatemos la calidad de vida que nos corresponde.

La preocupación por poseer bienes sin realizar mayores esfuerzos nos invade, escogemos el camino más fácil sin percatarnos también de que es el más corto, de que no lleva a ninguna parte, generando el repudio de los demás y la posibilidad de conducirnos a la cárcel.

No pensamos en el daño que hacemos a los otros, en la perturbación que producimos en sus vidas, y en lo ominoso y oscuro del camino que escogimos.

Necesitamos recobrar la sensación positiva de servirle al prójimo, de repudiar lo negativo, de fundamentar nuestro avance en la dedicación, la formación y el esfuerzo, de entregarnos a causas nobles y de construir con nuestras manos el luminoso porvenir a que el Altísimo nos tiene destinados.

Los invito a saborear lo hermoso de nuestra sociedad, hagámoslo juntos, unidos, entre todos, aportando cada quien un granito de arena fundamentado en la solidaridad, la honradez y la justicia.

Hagamos de esta una gran nación de hombres y mujeres probas, sensibles a lo humano, amantes de lo bello y progresistas en grado sumo.

Quiero cerrar con una frase que resume cuanto he querido exponer: uno solo puede destruir una nación, sin embargo, corresponde a todos recuperarla.

  

 

 

 

 

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