Del Valle tomó con suavidad la antepenúltima curva más prolongada de la vida.

Lo hizo en forma segura y sosegada, sin bríos ni sobresaltos, consciente de que nadie le va a arrebatar lo vivido.

Rodeada de sus seres queridos arribó a una edad en que experiencia y sabiduría se conjugan para fabricar los dulces más sabrosos de Tucupita.

Feliz y satisfecha se sintió regocijada, preparada para seguir obsequiándonos el “punto” de regusto que la caracteriza, y que nos hace sentir lo dulce del vivir.

Feliz cumpleaños.

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