Foto de archivo web.

Médicos “expertos” aseguran que las personas sudan lo que comen; hacen referencia a que, si consumes alimentos que son considerados por ellos como, “basuras”, es decir, carnes, huevos, pollos y no frutas, el mal olor será mayor. Para el caso de Venezuela no parece valer esa teoría si se toma en cuenta la escasez y los precios de productos como carne roja, pollos y huevos. Ni hablar del importe de los vegetales.

Es vergonzoso, pero entendible para varios deltanos, el hecho de que por el calor y la alta humedad sea más la transpiración, se suma a esta situación lo preocupante para el tema de la higiene: un desodorante y antitranspirante puede llegar a tener un  precio entre los 2.000 y 3.000 Bs en la capital deltana. Su valor puede variar de acuerdo con la marca y la supuesta calidad. Más deltanos desechan invertir 3.000 o 4.000 Bs en desodorantes para comprar dos harinas o algún otro producto alimenticio… de allí el hecho de que en autobuses y carros por puestos puede sentirse el impacto, en ese sentido, de la crisis en el país petrolero.

Han surgido varias alternativas para el denominado “violín”. La mezcla de varios elementos caseros que también se deben comprar, ha sido una salida para quienes no encuentran desodorantes o para los que no tienen el dinero para adquirirlo los puestos de reventas.

Tras los aumentos decretados por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, los revendedores han asumido lo propio. Las subidas de precio no solamente han sido en rubros alimenticios, sino en los de higiene personal.

En Venezuela parece entendible que una persona tenga, mal olor.

 

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