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Unos 40 deltanos intentan ingresar a Trinidad y Tobago semanalmente en un catamarán que arriba a la isla dos veces por semana desde Delta Amacuro.

Según  un abordaje llevado a cabo por Tanetanae.com en el muelle del paseo Manamo de Tucupita, lugar desde donde parten al país caribeño,  quienes se van por primera vez “ruegan” no ser devueltos, pues tras la medida restrictiva tomada por el gobierno de Keith Rowley, Primer Ministro de la vecina nación, todo ha cambiado.

Los venezolanos que tienen vínculos más cercanos con Trinidad y Tobago son las personas con más suerte y logran ingresar, pero una vez en el archipiélago, deben  afrontar una nueva traba: el poder conseguir trabajo. No es fácil encontrar uno; hay una demanda excesiva creada por la misma cantidad de criollos.

Otros ciudadanos del país petrolero son devueltos irremediablemente. En la oficina de aduana y migración les explicarían las razones, que para el venezolano son meros justificativos para impedir su acceso, y regresan en el mismo catamarán que los llevó. Cuando eso ocurre ya han perdido una importante cantidad de dinero, que previamente fue prestado con la esperanza de ser reintegrado con intereses una vez que a esa persona le fuere bien.

“Hay gente que tienen suerte y encuentran trabajo rápidamente, pero otros no, se tardan hasta dos semanas buscando hacer dinero”, dijo un joven que ya se disponía a abordar la gran embarcación que lo llevaría a Trinidad y Tobago por segunda vez. Él reveló que ya tiene la confianza y el respeto de la familia que lo recibe.

El joven cuenta que conoce a un amigo que trabajó por dos meses en Trinidad y Tobago, y cuando regresó a Tucupita, Venezuela, logró comprarse un carro y una casa.

Una gran cantidad de deltanos repudiaron las declaraciones de Keith Rowley, Primer Ministro de Trinidad y Tobago, donde aseguraba no querer más venezolanos en su país, ay que en el fondo el poder viajar a la isla supone la sobrevivencia de varias familias venezolanas.

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