Médico Ángel Oliveros.

Ángel Oliveros, médico residente del hospital Dr Luis Razetti de Tucupita, fue sometido por un grupo de funcionarios de la Guardia Nacional, quienes le exigieron que un herido de bala- causado previamente por los mismos militares-  debía permanecer en el referido centro de salud.

Un médico del hospital Dr. Luis Razetti de Tucupita cumplía guardia la madrugada del 6 de enero, cuando arribó una comisión de la Guardia Nacional para detener al profesional de la medicina, luego de que más temprano este diera de alta  a un joven que había sido herido por un arma de fuego. Los militares habían exigido previamente que el herido debía aguardar recluido en el nosocomio, pero médicamente no fue posible porque, luego de ser evaluado por un especialista, el joven fue dado de alta; una realidad con la que la GNB no estuvo de acuerdo .

Ángel Oliveros fue aprehendido  en su propio lugar de trabajo cuando atendía a varios convalecientes la madrugada del 6 de enero. Lo detuvieron “por no cumplir con la orden de un General”, revela el médico.

“Me esposaron delante de todo el mundo como si yo fuera un delincuente, todo fue por orden de un Capitán de apellido Pantoja”, declaró el galeno.

Cuando detienen a Oliveros, este, después de reclamar que contra él se practicaba una acción ilegal, advirtió a los oficiales castrenses que con su salida de la emergencia del hospital, la vida de los pacientes correría peligro, una  alerta que hizo entrar en razón a los militares y lo liberaron luego de armar una escena poco profesional en un centro asistencial sanitario.

Posterior a este incidente, los uniformados siguieron insistiendo en el hecho de que el muchacho herido  debía seguir internado en el hospital, a lo que el médico  reiteró que este ya había sido dado de alta; un informe médico que impide que una persona permanezca bajo observación profesional porque ya no está en riesgo.

“Aun siendo así, los Guardias, abusando, entraron en un almacén y sacaron un colchón y ubicaron al joven que ya había sido dado de alta en el pasillo frente a la sala de observación”.

Los hombres armados exigían que el herido, ya dado de alta, debía seguir en las instalaciones médicas. Todo lo hacían bajo la presunta orden – en principio- de un General, luego dijeron que cumplían sugerencias legales de un Fiscal, cuyo nombre nunca develaron, relata Ángel Oliveros.

“Me dijeron que en la mañana aparecerían con una orden de la fiscalía, pero nunca ocurrió así”.

El médico, quien asegura haber vivido varias horas de ilegalidad, aclaró que denunciaría este hecho ante la fiscalía del Ministerio Público para evitar eventualidades similares próximamente.

“Voy a denunciar esto porque si no lo hago, ellos (los militares) van a querer seguir haciendo lo que les da la gana porque cargan un uniforme”, enfatizó Ángel Oliveros, un profesional que se dedica a salvar vidas.

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