16 familias waraos provenientes de distintas comunidades fluviales de la selva deltaica están en condición de extrema vulnerabilidad a orillas del paseo Manamo, en pleno centro de Tucupita.
“En visita que hicimos al sitio contamos 43 niños, 8 adultos mayores y unos 20 adultos; conversamos con varios de ellos, la queja es constante, dicen que no han recibido ningún tipo de ayuda de organismos de atención al indígena, ni de gobernación ni de la alcaldía de Tucupita”, declaró la parlamentaria.
De acuerdo con González,  los aborígenes manifiestan haber abandonado sus comunidades porque la crecida de los ríos y caños inundaron sus casas. No tienen escuelas ni ambulatorios y están pasando hambre en sus caseríos.
Asegurarían además, estar en la cuidad sobreviviendo comiendo mangos y desperdicios que recogen del mercado municipal. Algunos originarios presentan síntomas de malnutrición, desnutrición, enfermedades de la piel, afecciones bronquiales, fiebre, entre otras patologías.
Más recientemente habrían fallecido un niña y un hombre adulto. Sus cuerpos aún permanecerían en la morgue del hospital de Tucupita porque los familiares no tienen dinero para gestionar los gastos fúnebres.
“Con la mayor responsabilidad como diputada al Parlamento Amazónico y miembro de la Comisión Permanente de Pueblos Indígenas de la Asamblea Nacional, denunciamos las constantes violaciones de los derechos de los pueblos indígenas y particularmente de los waraos en Delta Amacuro, quienes son víctimas de quienes tienen la responsabilidad de velar por ellos”, denunció Larissa González.
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