Esta vez no hubo cruce de palabras ni escarceos, entre dirigentes psuvistas y disidentes; hubo si, mayor flujo de personas y un entusiasmo superior al de la vez anterior.

La oposición apenas se vio, mientras que los puntos rojos de psuvistas y chugabystas se mantuvieron equidistantes del centro electoral ubicado en la escuela Alejandro Petión de Tucupita.

A lo lejos se escuchaban los tambores de Delta te Quiero, apostados en el tramo conocido como el hueco de calle La Paz, mientras que en la plazoleta en homenaje a Francisco de Miranda, prócer de la Independencia, reinaba la algarabía de los miembros del GPP.

El diputado Pedro Carreño y la gobernadora Lizeta Hernández, encabezaron la comitiva roja rojita con los restantes candidatos, sufragando rápidamente. En el lugar se mantuvo Francisco Martínez, quien, en función de la cercanía que va mostrando la gente con él y él con la gente, pudiera convertirse en un fenómeno electoral.

Sobre las 10:30 am, sufragaron en el segundo simulacro electoral –probablemente el último antes del proceso del 6D- y se fueron a forzar la maquinaria psuvista;  el primero, según la gobernadora les habría favorecido, y en este segundo todos, unos y otros más organizados, quieren probar el funcionamiento de los engranajes chavistas y disidentes nuevamente, con miras al proceso real en diciembre.

Al final, viendo lo visto, se trató de un segundo ejercicio para que el chavismo se ponga a prueba a sí mismo y haga los ajustes que debe hacer.

Un simulacro a la medida con una nueva lectura que los orientará hacia el objetivo de obtener 2/3 de los diputados y un poco más.

El Psuv-Gobierno sigue siendo un verdugo electoral, míresele por donde se mire. A la oposición le queda esperar por el voto castigo, si es que ocurre.

 

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