Don Piquete

Prof. J. José Jaramillo

I

Juan José Zambrano, que era el mismo viejo soguero aparenklin, fue enviado a Trinidad a estudiar el idioma inglés, cuando regresó le dieron unas horas de esa asignatura en el Liceo Néstor Luis Pérez y se dedica al campo de la docencia. Estudia posteriormente para maestro normalista, graduándose en la Escuela XVI Convención Magisterial, junto a su hermano Chente.

Al amigo Piquete, que era su nombre artístico y de batalla, le gustaban bastante los tragos, cuando estaba bien encendido, cruzaba una pierna con la otra y se daba cuatro vueltas semejantes a una culebra cuando se enrolla. En una oportunidad estábamos en Caracas en los cursos vacacionales de Mejoramiento Profesional. Juan, llega el lunes a clase un poco tarde, ya que había venido a Tucupita. Un día miércoles todo el equipo estaba estudiando porque teníamos examen al día siguiente, cuando se aparece Don Piquete bien encendido con los tragos, Aníbal Sifontes, le dice: –Juan, ¿Cómo te vas a ir a echarte los tragos, si mañana tenemos que presentar química? Tú sabes que es una materia un poco difícil-.

Nuestro personaje se queda viendo a Aníbal, y le responde: –Mira no te metas en vainas que no te interesa, yo soy un hombre de cuatro bolas, además ese no es tu problema-.

El otro día le llega un telegrama que decía: “Mamá abortó, hospitalizada. Jhon.”

Al leer el telegrama pensamos y comentamos, como la semana anterior había estado en su casa, le había recostado las cuatro bolas a la mujer y le había provocado un aborto.

Cuando se casa su amigo y compañero de parrandas el Prof. German Rosas con la agraciada y bella María Teresa Marcano, una importada que había venido de Piacoa a cursar estudios a Tucupita; “Piquete”, fue el padrino de la boda, y lógicamente fue a la celebración. Como a las dos de la mañana, bien encendido por los tragos, ya que los indicadores para conocer su estado eran evidentes, comenzaba a cantar Viejo Soguero y a repetir constantemente aparenklin, y cuando se sentaba en un mueble se enrolla una pierna con la otra dándole varias vueltas, y a fumar cigarrillo tras cigarrillo.

Decide irse para su casa en Delfín Mendoza; para que no se fuera solo a esa alta hora de la noche, su sobrino Igor decide acompañarlo, pero antes de salir le da un plato con comida y se lo ponen en las dos manos y arrancan por calle Tucupita hacia el puente del mercado, al llegar al semáforo hay un cambio de luz y se enciende la luz roja de pare, enseguida Juan frena y se para, Igor le dice: –Tío, siga vámonos, continúe-.

Tú no sabes que cuando se prende la luz roja en el semáforo, significa pare y los automóviles tienen que detenerse.

Pero mi tío, Ud. no lleva ningún carro.

Mira aquí tengo el volante del carro y lo tengo bien agarrado.

Tío ese es el plato de comida que le dieron en la fiesta, no es ningún volante. Ud. anda a pie.

Perdona sobrino, ahora recuerdo que el carro lo deje en el garaje de la casa, sigamos pues.

Nuestro amigo “Piquete” con los tragos pensaba que llevaba en las manos era el volante de su automóvil.

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