Foto: referencial, de archivo.

Descalzos, o a veces con zapatos rotos, con apenas short y sin franelas, dos menores de edad deben caminar unos dos kilómetros, hasta la casa de la madre de Gabriela Mata, una vecina del El Triunfo sector I en Casacoima. Los pequeños van por agua.

La madre de Mata es la única en su cuadra que cuenta con un “aljibe” en su casa. Allí almacena el agua y lo distribuye entre los vecinos que llegan a pedirla.

Los niños llevan unas latas de pintura con capacidad para 20 litros. Van descalzos y sin franelas,  llegan hasta la casa donde pueden agarrar agua y es cuando inicia varios viajes de ida y regreso, porque en su casa también deben llenar otros recipientes. Para lograrlo, deben caminar unos dos kilómetros.

“Casi todos los días esos niños llegan a la casa de mi mamá a pedir agua, y eso que viven lejos”, dijo la señora Gabriela Mata.

Aun cuando la temperatura aumenta y calienta las caminerías, los pequeños no se rinden, y siguen cargando agua.

Los vecinos que también viven en las cercanías del sector El Triunfo, estiran sus mangueras, llevan los envases en caretillas o carruchas, para llevar el agua a sus hogares. Prefieren hacerlo así, antes que tener que comprar los botellones de agua.

“Un botellón de agua lo están vendiendo en 35 mil Bs”, manifestó un vecino, quien reitera en invertir este dinero en comida.

Desde hace tres años, el municipio Casacoima, localidad al sur del estado Delta Amacuro, no cuenta con camiones cisternas para la distribución del agua, y nunca han contado con esta prestancia a través de tuberías;  mientras los que tienen acceso a este servicio, lo venden a un alto precio.

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