I

Los nuevos pinos de la Iglesia católica son garantía de trascendencia.

Con solo escucharlos hablar sentimos aliento de futuro.

Despojados de prejuicios, ataduras e investiduras, caminan al ritmo de los nuevos tiempos, con una Fe ancestral sobre los hombros y la mirada puesta en el horizonte.

Dan testimonio de la curia cercana, amigable y fraternal, que todos queremos.

Representan la esperanza de nuestro credo y el mana de espiritualidad moderna que tanta falta hace para asimilar los cambios vertiginosos que acompañan el porvenir.

II

1.- ¿Cómo te llamas y de dónde provienes?

E.F.: Mi nombre es Edwin Figueredo, nací en Caracas, pero desde el 2009 estoy residenciado en Tucupita, mi mamá vive en el sector barrio Bolivariano y me gradué en el liceo Aníbal Rojas Pérez, allí termine la secundaria.

2.- ¿Cuándo descubriste tu vocación?

E.F.: La vocación cristiana comienza desde que somos bautizados, ahora bien, en referencia a mi vocación sacerdotal siento que comenzó desde que estando aquí en Tucupita, se produjo el contacto con los indígenas, ver esos rostros cuando llegamos a las comunidades, su alegría, su inocencia, su amabilidad, su cariño, y también que por mucho tiempo estuve ayudando en la alfabetización en el vertedero de basura, al conseguirme allí con la realidad que viven ellos, yo sentía que Dios me decía que puedo dar más, y que los niñitos me dijesen “Bare sanuka”, padre pequeño, entonces esas cosas de algún modo iban calando poquito a poquito en mi corazón.

Lo mismo me sucedió al ir al penal de menores, en Paloma, ver esos jovencitos, ver que personas menores que yo tenían problemas, entonces al aconsejarles, al ver la manera como me preguntaban, esa necesidad que tenían de conocer más de Dios, sumado a eso ir a la vicaría San Juan Bautista, también una realidad totalmente distinta; ir a Guayo, observar la amabilidad de las personas, como te atendían, incluso en Santa Catalina con tanta necesidades que tenían allá y ver cómo la gente tenía esa sed de Dios; luego de ir a realizar algún servicio a Santa Catalina, cuando regresaba era como si una parte de mí se quedara allá, entonces esas cosas yo las ofrezco en oración y así de grano en grano puedo asegurar que estoy sintiendo ese llamado de Dios a la vocación sacerdotal.

3.- ¿Cómo defines tu carisma?

E.F.: Yo defino mi carisma como ese don que Dios me ha regalado, como una persona muy alegre, servicial, jovial, teniendo en cuenta que el carisma de los sacerdotes diocesanos tiene que ser un carisma del buen pastor, es decir un carisma que se preocupa por todo, tiene que ser una persona íntegra, o sea, saber un poquito de todo.

4.- ¿Qué ideas te gustaría desarrollar cuando hagas vida sacerdotal?

E.F.: La idea que me gustaría desarrollar es que podamos distinguir aquí en Tucupita, el estilo de vida religioso y el estilo de vida diocesano, porque aquí en Tucupita estamos acostumbrados a que por muchos años estén acompañándonos los capuchinos, entonces esto de nosotros los sacerdotes diocesanos es algo nuevo para muchos, entonces una de mis ideas que me gustaría a futuro alentar, es que cuando sea ministro ordenado, desde mi ministerio la gente pueda acercarse a Dios a través de mi manera de ser, que con mi cercanía, jovialidad, alegría, puedan conocer ese diocesano, porque el proyecto que tiene nuestro obispo, es pasar de vicariato a diócesis, “Diócesis de Tucupita”.

Otra de mis ideas es ser uno de los pioneros en motivar vocaciones, que con mi ejemplo que muchos jóvenes nativos de Tucupita, puedan incorporarse a esta formación de la vida sacerdotal diocesana.

En compañía del Monseñor Ernesto Romero.

5.- ¿Qué recomendación le darías a los jóvenes que piensan incorporarse a la vida religiosa?

E.F.: Primero, que no tengan miedo, si sienten en su corazón esa inquietud, no tengan miedo de averiguar, de preguntar, de indagar, el hecho de, no implica que, el hecho de que sientan esa inquietud, de que quieran conocer un poco más de Dios, no les asegura que van a ser sacerdotes, si no que puede que Dios los esté llamando para una misión particular.

El llamado es ese, que no tengan miedo de buscar ayuda de personas con más experiencia religiosa, que busquen algún contacto que los pueda acompañar, personas con las cuales puedan hablar sobre esa inquietud que tengan. Que esta vida, esta formación es una experiencia muy bonita, realmente enriquecedora; para los que no llegan a la vida ministerial es algo que les queda y les cambia su vida.

6.- ¿Qué mensaje le darías a los venezolanos en estos momentos de cuarentena social?

E.F.: El mensaje seria que no veamos la cuarentena como un encierro, como una cárcel, sino que es algo para nuestra protección, para nuestro cuidado, aprovechemos convivir más con la familia, hagamos oración por la salud, por el bienestar de todos.

Hago un llamado también a la conciencia, no seamos egoístas, pensemos en nuestros niños y jóvenes, en nuestro futuro. Si realmente no queremos vivir así más adelante como estamos ahora, presionados por el encierro, cumplamos con los métodos preventivos, de quedarnos en casa.

Todo en la vida es pasajero, entonces estos momentos que estamos viviendo con motivo de la cuarentena social son algo pasajero, pero, queda de nosotros si queremos que se repita o desaparezca definitivamente.

 

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