El Ángel del Orinoco cumplió tres años en noviembre. Se puede decir que es un sueño hecho realidad.

Lo hizo con ganas de continuar creciendo, de empinarse cada vez más.

A la sede principal y al primer catamarán, le sucedieron el segundo año un hotel y una nueva embarcación y- camino a cerrar un tercer año de logros-  tienen casi listo el bote XII, que será el número tres de la familia.

En opinión de su diseñador, se trata de una unidad muy cómoda, adaptada al mar, con un casco en forma de V mucho más estable, que golpea menos la marejada, y con motores bastante más potentes que permitirán llegar con mayor rapidez a su destino.

Además, se le dará mayor confort que sus dos hermanos, fortaleciendo el servicio que se brinda a los pasajeros y valorando en mayor medida su vida.

El catamarán XII, según las previsiones, surcará las aguas del majestuoso Orinoco a finales de enero, convirtiéndose en la joya de la familia y en la nueva apuesta de una empresa que no para de prosperar.

El Ángel del Orinoco se colgó una estrella de general en los tiempos que corren, en medio de una profunda crisis no se detiene, abre caminos donde no los hubo destacándose como innovador, y muestra ejemplos de lo que cabe hacer cuando todos piensan que todo está hecho y nada puede salir adelante.

Pónganse los patines para que nos alcancen, diría Oscarcito.

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