El audio / #MeInformoConTanetanae

Hubo una vez un audio que batió récords de viralización en el Delta.

En uno de tantos desahogos, comunes a los profesionales del área, un reconocido locutor le confió a otro no menos reconocido, su parecer.

Un diálogo entre dos sobre la base de la confianza, cuyo carácter íntimo fue violentado con su difusión.

No hubo respeto a la amistad ni a la lealtad, ni a la hermandad que debe existir entre colegas. Una acción más propia de intrigantes, que de comunicadores.

Según personas que conocen de cerca la situación, se trató de una retaliación. Abogamos por que no sea así, por que sea un error involuntario, una equivocación o incluso el robo del aparato celular.

Ahora bien, desde el punto de vista de la crítica a la forma descarnada en que el locutor se expresa, no hay mayor reparo que formular. Es un toma y daca, como se expresan muchos políticos de los comunicadores, se expresan muchos comunicadores de los políticos.

No sale afectado el pueblo al que dice defender, ni la profesión que decidió ejercer; es un asunto entre políticos y comunicadores, cuya relación utilitaria –por parte de ambos- ha sido llevada, por desgracia, al extremo.

No es algo que no se sepa, ni algo que se oculte, en un pueblo altamente politizado con numerosos medios de comunicación canibalizándose y escasas posibilidades de obtener ingresos fruto de la ocupación para vivir dignamente, sucede muy a menudo, más de lo que cabe imaginar.

Es un audio que a nadie debe asustar y a nadie debe ofender. Es la realidad cruda y calva, como un sarpullido en la piel, como un brote de tos que no se puede silenciar.

 

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