Recientemente falleció uno de los “pranes” más conocidos del pomposamente rebautizado Centro de Retención y Resguardo Guasina, comúnmente conocido como retén de Guasina.

Previamente a su muerte, en espera de ser liberado tras haber cumplido la sanción penal, se filtró la información de que había sido depuesto, pasando a desempeñar el papel de “vocero” de los internos.

Aunque en un principio se corrió el rumor de una presunta sobredosis de droga, luego prevaleció la tesis del infarto. No es sencillo mantenerse gobernando un recinto carcelario, donde los cambios de mando, casi siempre, se efectúan con el cobro de vidas. La ansiedad impera y tiene un marcado efecto en la salud; el desaparecido Wilmito, quien fue el único en ostentar el título de “pran de pranes” en el país, quedó una vez “en blanco”, presuntamente infartado estando en coma durante tres días.

Por espacio de cinco años, el “búho” impuso un régimen de tipo militar, que redujo ostensiblemente el número de disputas internas y muertes en el reclusorio.

Al trasluz de un sistema político tan enrarecido como el que tenemos, donde los jefes del bajo mundo son denominados líderes positivos, y en aras de la tan pretendida e inalcanzable objetividad, haciendo balance podríamos decir que tuvo aportes sustantivos caracterizados por un tiempo de orden y ruda paz, que no es fácil de lograr, menos en ese ambiente.

A José Miguel Romero Caldea, oriundo de Sucre, con residencia en Capure, donde se mantiene parte de su familia, luego en Tucupita, lo precedió un polvorín. Grupos de jóvenes de mentes volátiles, que propiciaron numerosas muertes y murieron a su vez o fueron trasladados.

Se decía de él que contaba con la anuencia de las autoridades del estado, al quitarles un dolor de cabeza.

Irascible y temperamental, logró atravesar el ecuador de la vida, los 35 años, entrando en la categoría, acuñada por el pueblo llano de “malandro viejo”.

Reconvertido en hombre de negocios, con escasas incursiones en las actividades tradicionales del hampa común, representando más bien el papel de mediador, efectuó inversiones en diversas actividades comerciales en procura de depararse un futuro holgado, en libertad, rodeado de sus seres queridos. A punto de conseguirlo, a falta de otras evidencias el corazón le pasó factura.

En el entendido de que el sistema penitenciario debe cambiar rotunda y radicalmente, y las reformas avanzan con mucha lentitud, a falta de mejoras en la principal penitenciaria deltana existe el temor en los órganos de seguridad de que se retomen viejas prácticas, que resquebrajen el orden frágilmente construido. Queda en manos de sus nuevos mandos preservar la paz, algo que les conviene en virtud de evitar el castigo mayor a todo reo que purgue pena en Tucupita: los traslados.

El “búho” fue tan conocido dentro del reten como fuera en nuestro estado, a su alrededor se tejieron numerosos mitos urbanos, que le otorgaron un aura de ubicuidad –capacidad de estar presente en muchos lugares al mismo tiempo- y de invencibilidad, que únicamente cesaron tras su desaparición física.

 

Loading...