Elina Cotúa en vida | Foto: archivo.

“Hay un muerto que se está descomponiendo en la capilla del cementerio nuevo, el Cicpc lo dejó ahí”, fue el mensaje que se viralizó  el viernes (1.3.189) por la noche en las redes sociales y los grupos de Whatsapp. Una gran cantidad de gente se enteraba de un hecho a medias, porque oficialmente informaron sobre un suceso que nada tuvo que ver con lo que realmente fue. Suena enredado, sí, pero conforme avanzaron las investigaciones por parte de un grupo de periodistas de la plataforma, Código Rojo, Tanetanae.com, Radio Fe y Alegría y Kaina Tv, finalmente se logró conocer lo que, a priori, se habría intentado ocultar.

“Yo fui a acompañar a sepultar a Efraín Zapata (un reconocido dirigente deportivo en Delta Amacuro), pero cuando todos entramos al cementerio nuevo, nos pegó un olor a podrido. Todos pensaron que se trataba de una tumba que recién  había sido violentada por personas desconocidas, y que de allí era lo que olía mal”, ralató un deltano.

Pero pasaron varios segundos para que un señor que permanecía tomando ron en el cementerio, revelara que se trataba de un cadáver en descomposición que la policía científica de Venezuela (Cicpc) lo había dejado en una de las capillas de ese camposanto, ante la imposibilidad de hallar una fosa común.

El equipo de investigación arribó al cementerio sobre las ocho pm del viernes, y constató que no había tal cadáver sobre un altar cristiano.

“Se trató de un adulto mayor que murió en el geriátrico (de Tucupita), y como a los tres días nadie lo fue  a reclamar, llevaron su cadáver al cementerio”,  reveló una fuente altamente estrechada a un cuerpo de seguridad del estado Delta Amacuro.

Pero los vacíos informativos fueron muy inconsistentes entre el equipo de investigación de los medios de comunicación que ya estaban involucrados en este caso.

Elina Cotúa, una reconocida médico en el estado de Venezuela, Delta Amacuro, fue reportada como desaparecida el lunes 25 de febrero de 2019.

Cotúa se despidió de una jovencita en la que fuera su residencia de la urbanización Rómulo Gallegos de Tucupita, la capital deltana donde habitan unas 80 mil personas. Ella vivía junto a la niña, entre ellas se cuidaban.

Tomó la llave de su auto y se dispuso a trabajar de taxista, como ya lo venía haciendo previamente, dada la crisis venezolana.

La familia de Elina Cotúa,  quienes mayoritariamente viven en la cercana ciudad de Puerto Ordaz, estado Bolívar, marcó a su teléfono de casa y la niña que vivía con ella, reportó no haberla visto más desde el lunes, el día cuando salió en la tarde.

Elina tampoco respondía  a su teléfono móvil. La incertidumbre recrudecía.

Los allegados de Elina Cotúa, al oír sobre el hallazgo de un cadáver en Tucupita, se apresuraron  a investigar si de pronto se traba de ella. Se apresuraron a llegar hasta las oficinas del Cicpc de la localidad, donde mostraron una foto de Cotúa. Todos temblaban.

Las características mostradas correspondieron con el hallazgo.

Elina Cotúa salió a trabajar como taxista en su auto Spark gris, el lunes 25 de febrero por la tarde. Era la última vez que lo hacía. Su cuerpo en descomposición fue hallado el viernes en un sector de nombre “Los Cañitos de Guasina”. Su carro estaba desvalijado unos metros más adelante. El cadáver, según el Cicpc, no presentaba evidentes signos de violencia.

Sus allegados presumen que, Elina, quien en alguna oportunidad fuera directora de salud de los estado Sucre y Delta Amacuro, fue asesinada para robarle el auto y su dinero. Nada se descarta, oficialmente solo se habla de un hallazgo.

El cadáver en descomposición resultó ser el de Elina Cotúa, una septuagenaria que ahora se ganaba la vida como taxista.

Es mediodía del sábado 2 de marzo. Bajo el sol, familiares y amigos despiden a Elina, mientras una colega suya, la doctora Mar Medina, recita algunos recuerdos. Ellas se conocieron:

“Este país está cada día peor, recuerdo que antes en las guardias nos veíamos y salvábamos vidas juntas, los pacientes nos llevaban domplina”…  Los sepultureros echan el cemento. Se escuchan llantos silenciosos entre el grupo. Todos se retiraban con la cabeza gacha y lentamente.

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